Orwell. Ilusiones K o 1984
Bajo el título "ilusiones K" un editorial del diario La Prensa de Buenos Aires fustiga duramente al gobierno por una decisión de un periodista afín de borrar viejas notas de la web en las cuales se criticaba al Papa Francisco por su actuación frente a los desaparecidos cuando era simplemente Bergoglio. Dice la nota que esto habría ocurrido en función de las ahora buenas relaciones del ejecutivo con el Sumo Pontífice y que para limar asperezas se eliminarían una serie de notas antes publicadas.
La crítica responsabiliza al poder ejecutivo por la directiva que el propio autor y periodista que las escribió estaría solicitando y coloca esta acción en la misma línea que la tarea del Indec en el sentido de "falsear datos".
Luego la compara con un emperador chino que borro las bibliotecas anteriores a su tiempo.
Tampoco ahorra epítetos para los kirchneristas a quienes tilda discretamente de alucinados.
(La nota se puede leer completa al pie).
Tampoco ahorra epítetos para los kirchneristas a quienes tilda discretamente de alucinados.
(La nota se puede leer completa al pie).
Vamos por temas.
Por una parte las notas son propiedad de la editorial privada y no sólo este medio ("el nombrado como Diario K", que puede ser Página/12 o Tiempo, quien sabe) lo hace, esto de borrar lo antes publicado sino que a menudo los diarios opositores se desbocan y mienten o tergiversan y hasta inventan noticias para borrarlas luego en función de la repercusión o de haber ya cumplido su cometido. Concedemos que a veces puede tratarse de errores pero curiosamente son siempre para el mismo lado como publicar el valor del dólar a más del doble en jornadas en que la población está en vilo por el precio de la divisa, hacer recortes caprichosos y falsarios de discursos o difundir imágenes fuera de contexto con interpretaciones cuanto menos equívocas. Pero no lo hace sólo el periodismo, algunas organizaciones borran su historial en internet en función de los tiempos cambiantes. Un claro ejemplo es la participación de organismos estatales de los EEUU que apoyan ciertas ONGs que al tiempo se bajan de la web e incluso quitan las imágenes del historial que aun así se puede rastrear a veces, aunque ya lo mejorarán para eliminar cualquier reminiscencia.
Ventajas y desventajas de la web que permite borrar de inmediato pero guarda algunos vestigios.
Puede parecer una tontería borrar las huellas en Internet cuando quedan registros impresos o en otros medios pero esto da cuenta de la influencia del ciberespacio en la opinión.
Esto no es comparable al emperador Shi Huang Ti porque aquel verdaderamente eliminó los textos que eran el único registro y solo les sobrevivió la memoria de los contemporáneos o la transmisión oral con lo que ello implica.
En el libro de G.Orwell 1984, el pasado se reescribe por el estricto control de los medios y de los archivos algo que por fortuna no ocurre en el país en la actualidad.
El caso del INDEC también es caprichoso porque aunque el organismo manipulada los índices se debe admitir que es aceptado internacionalmente y que otros países miden cada cual a su modo y no se los critica por ello, por ejemplo en EEUU hay dos índices oficiales. La pregunta es qué se mide, quien lo mide y como lo hace. Pero por otro carril corre la credibilidad. En este sentido es aceptable que la oposición no crea en el INDEC, pero sorprendentemente cree (o dice creer) en un índice privado, caprichoso, tendencioso y malicioso, con falso respaldo del congreso y elaborado con herramientas muy por debajo de la calidad del INDEC.
Finalmente coincido con el autor en que es muy feo cómo lector que nos eliminen el historial publicado, ya sea en el medio que sea, en los medios gráficos esto se corrige con las fe de erratas en ediciones posteriores, no se podrá hacer en la web? Por simple respeto digo.
Pero adjudicarlo al gobierno y en exclusividad es un exceso por donde se lo mire.
Y aunque alguien quisiera borrar la historia en la actualidad no lo puede hacer por la gran diversidad de medios disponibles pero allí es donde empiezo a preocuparme.
Los medios disponibles tienden a ser menos y en concentraciones privadas. Las grillas del cable excluyen enormes porciones de la realidad, lease fuentes.
En las nuevas construcciones de opinión esta el quid de la cuestión. Haga lo que se haga con el pasado, las masas no acceden a las fuentes de por ejemplo las bibliotecas pero se nutren a diario de los medios accesibles y he comprobado que lamentablemente las asociaciones y cadenas inundan los principales portales brindando una opinión unificada y hegemonica que no es precisamente la de los gobiernos progresistas.
Es cierto que corremos peligro de ser manipulados pero cuidado en quien vemos las responsabilidades.
IXX-nov2014
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http://www.laprensa.com.ar/429887-La-ilusion-K.note.aspx
OpiniónMirador políticoLa ilusión "K"26.11.2014 |
La tendencia alucinatoria del kirchnerismo tiene dos expresiones. Una, la mentira sistemática. Por ejemplo, el Indec. La otra es la ilusión provocada por las pasiones que actúan sobre la imaginación política de quienes creen que el kirchnerismo es poco menos que revolucionario.
Por Sergio Crivelli
Es probable que en un futuro no lejano los estudiosos en busca de una explicación para la lluvia de mentiras, disparates y delirios de la política durante la era "K" formulen una hipótesis extrapolítica: por más de una década el grueso de la sociedad argentina sufrió alguna forma de alucinación colectiva que le hizo perder el sentido de la proporción y de la realidad.
Un ejemplo entre muchos puede ilustrar la situación. No se trata de altos funcionarios asegurando con un descaro sin precedentes que la Presidenta está más allá de la Justicia, sino algo más trivial, pero no menos elocuente: un periodista "K", Horacio Verbitsky, ordenó borrar de los archivos de un diario "K" artículos en los que acusaba al Papa de haber colaborado con la represión ilegal. Como la Presidenta se hizo bergoglista a los 10 minutos de que Jorge Bergoglio fuera designado Papa, la poda se efectuó para no dejar huellas de un reacomodamiento general en el tema tan violento como indecoroso.
Lo llamativo no es sin embargo el cambio de opinión, sino el hecho de suprimir un archivo, creyendo que se puede cambiar lo ocurrido o que lo publicado por el diario oficialista tendrá algún peso sobre el curso futuro de la vida pública. Por un diario sólo leído por simpatizantes del Gobierno que dicen amén a cualquier cosa que se le ocurra a la Presidenta sin necesidad de justificación alguna.
Ya se había asistido a la iniciativa de falsear groseramente los datos del Indec para proyectar un mundo de fantasía en el que la inflación, la pobreza y el desempleo son menores a los del mundo real. Pero la supresión de documentos es un paso aún más largo en dirección del absurdo; es un dislate contaminado de megalomanía.
Shi Huang Ti fue un emperador chino. Se lo recuerda porque mandó a construir la Gran Muralla. Menos conocido, en cambio, es que ordenó incendiar todos los libros anteriores a él. Lo primero lo hizo para defenderse de los invasores, lo segundo para defenderse de la oposición que usaba los libros para alabar a los antiguos emperadores. Quiso que la historia empezara con él. Sobre este caso Borges dice: "Quemar libros y erigir fortificaciones es tarea común de príncipes".
Entiéndase bien: "de príncipes", no de periodistas, ni de operadores de prensa. La idea de que borrar archivos periodísticos puede mejorar la situación de un gobierno equivale a creer que las futuras generaciones los van a usar como una guía; sinsentido en el que sólo se puede creer en caso de narcisismo agudo o de haber perdido por completo el sentido de la proporción.
La tendencia alucinatoria del kirchnerismo tiene dos expresiones. Una, la mentira sistemática. Por ejemplo, el Indec. La otra es la ilusión provocada por las pasiones que actúan sobre la imaginación política de quienes creen que el kirchnerismo es poco menos que revolucionario. La política tiene un componente irracional que no debe ser subestimado.
En el caso de los kirchneristas de buena fe, su adhesión al Gobierno tiene de religioso mucho más de lo que ellos suponen. Esa adhesión sobrevive y sobrevivirá a las desmentidas de la historia, precisamente porque no es racional. Así, la tarea de borrar archivos no sólo es absurda, sino también superflua. Propia de cuentistas que ya no distinguen entre sus invenciones y la realidad.
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