La mediocridad instalada

La democracia occidental está atravesando una fase de dominación de masas tal que se alcanza un nivel de consenso enorme gracias a la difusión de ideas vagas y tendenciosas que hegemonizan gran parte del pensamiento dominante en una enorme mayoría de la población.
Esto ha sido posible gracias al establecimiento de una cultura de Occidente revisa por los valores judeo cristianos norteamericanos o estadounidenses para ser precisos. Dicha transmisión de valores va de la mano de los avances tecnológicos y con su consiguiente contenido asociado. Lo vemos a diario en numerosos medios, desde la música a la moda, en las historietas y en el cine, en la televisión y en la publicidad. Cada producto que consumimos está impregnado de valores importados de la cultura económica dominante. La publicidad de un lavavajillas se difunde con protagonistas blancos caucásicos y de buen pasar económico, una minoría idealizada al estilo de las familias del New deal estadounidense.
Los superheroes invaden revistas y salas de cine, sus logos visten las remeras de nuestros niños y esos arquetipos no son otra cosa que defensores de los eeuu.
Las grillas de nuestros servicios de cable tv están ampliamente ocupadas por material estadounidense, hasta sus sit coms y reality shows son absurdos si se los compara con nuestro modos de vida. Al punto de haber migrado ciertos contenidos.
Canales otrora referentes de cultura (entendida como la cultura del saber científico) prestan sus nombres a documentales de aventura ficcionada, al esoterismo o directamente al chisme y la vulgaridad. Desde sus pantallas se denosta veladamente al catolicismo una y otra vez mostrándolo como un mero negocio de oportunistas abusivos pero más allá de que sea cierto, no se ven como contrapartida las críticas proporcionales a los estafadores protestantes, a su sectarismo o a los abusos encubiertos por la ortodoxia judía, su belicismo y manipulación política.
En los medios proyankis se fomenta la predisposición a la guerra, se justifican las acciones unilaterales en cualquier parte como una justicia universal. Se promueve la objetivación de la mujer y la subordinación a la elite dominante.
Se dispone al consumismo y se desconocen las realidades regionales. Todos somos un único consumidor, así un niño en medio del campo o en la montaña, sin acceso a servicios es bombardeado hasta el deseo por productos inalcanzables.
En una encuesta personal al azar de una grilla de setenta canales en mi operador de Cable detecte en simultáneo más de cuarenta contenidos se origen estadounidense, sólo tres de contenido europeo, ninguno asiático, africano o de Oceanía.
Todos los canales infantiles de contenido extranjero, prácticamente todo el material doblado al español en un castellano neutro que se parece poco a nuestra manera de hablar. Refrigerador, carretera o demonios suelen ser palabras habituales en tv pero inexistentes en lo cotidiano.
Así se moldea nuestro pensamiento y nuestros gustos. Se manipulan nuestros deseos y nuestra respuesta a estímulos.
Así nos formamos en valores falsos que ni siquiera comprendemos. Libertad, democracia, ciudadanía, independencia suelen ser términos frecuentemente usados que deben adecuarse a realidades concretas, cercanas a riesgo de desviar el verdadero significado. Que libertad se puede llevar a cualquier país que se invade y se bombardea indiscriminadamente? Libertad del que agrede, del agredido, de todos incluidos los neutrales?
Como aprendemos a pensar estas cosas por fuera de un sistema invasivo y omnipresente?

Ixx- abr2016

Entradas populares de este blog

El inefable sr. Lagorda