A comienzos de los años ’90, Esto! una revista dedicada a las noticias policiales (y delincuenciales) publicó en su contratapa una crónica en la que afirmaba que la desaparición de un peluquero del entonces presidente se debía a que le había sacado a aquel una foto cuando estaba encamado con un adolescente. Recuerdo la sorpresa que me produjo leerla… y que no hubiera ninguna repercusión… salvo que aquel peluquero jamás apareció (se rumoreaba que había muerto en el extranjero de lo que todavía los medios llamaban “la peste rosa”). La misma sorpresa experimenté el miércoles pasado, cuando una compañera me remitió un texto extraído de Facebook*.