Caso Nisman - Una de espías. Preguntas y contexto
Los amantes de las teorías conspirativas tendrían una gran oportunidad hoy de darse una panzada de versiones en torno a un caso con una trama de urdimbre cinematográfica a la medida de Hollywood que bien pudiera contar con un conveniente guión tomado de una novela de John Le Carré y que podría hacer saltar las taquillas aún en vísperas de la próxima entrega de los premios de la academia del norte.
La historia.
Un ¿colaborador? ¿lobbista? ¿agente? de estrecha relación con los servicios secretos yanquis e israelíes y con fuerte presencia en la agencia de inteligencia argentina apareció muerto en su casa esta madrugada. Aparenta un suicidio (clásico) que abre el abanico de sospechas.
Este fiscal, que ese era su trabajo oficial, deja trunca una presentación ante el parlamento en su raid acusatorio sobre los miembros más encumbrados del gobierno nacional. Deja también una gran cantidad de material y de opiniones brindadas en entrevistas recientes otorgadas a los medios opositores junto a los cuales desarrollaba su estrategia de erosión sobre sus acusados.
Curiosamente la interpelación iba a ser privada a pedido del propio fiscal y la oposición política al gobierno a pesar de que allegados a éste insistían en la necesidad de hacer públicas las declaraciones, de filmar todo y transmitirlo por cadena nacional para que la gente vea y saque sus propias conclusiones (de había comenzado una campaña en las redes sociales a tal fin) pero contradictoriamente el fiscal cuyo asiento principal eran los medios se negaba argumentando que no quería convertir la causa en un "circo mediático".¿Pero no fue él mismo quien lo llevó a los medios?
Es muy apresurado sacar conclusiones e incluso hacer especulaciones. El episodio nos entrega el "muerto" que hace rato muchos esperaban, ya hay cartelitos que rezan "Yo soy Nisman" (sic) en una clara alusión al semanario Charlie víctima de un atentado de móviles e instigadores dudosos.
¿Y ahora?
Como siempre uno se pregunta ¿a quién le conviene? y prácticamente da por descartado que nunca se sabrá nada sobre el caso pero es cierto que deja muchísimo por delante.
Medios que tienen material en abundancia con predicciones de toda clase con acusaciones que por venir de un muerto (¿mártir?) toman otra relevancia. Opinadores que se ven en la urgencia de "decir" y especulaciones de todo tipo.
Hoy los medios opositores se regodeaban y revolcaban en el barro de sus propios archivos que los tienen en abundancia y estimo que van a llevar a este individuo algo oscuro hasta hace horas nomás al borde del culto popular (por lo masivo pero seguramente de clase en el recorte de apoyo social).
Los wikileaks ya han dado cuenta las vinculaciones del fiscal, los países de "occidente", es decir los que se consideran el occidente mismo aún estando en oriente cercano (porque occidente es una concepción y no una ubicación en el mapa) juegan sus piezas en favor de sus guerras contemporáneas y de su estrategia geopolítica y hoy aquí sus representantes toman partido con una doble estrategia, por una parte favorecer a sus mandantes y por la otra recuperar poder local. Y esta movida permite ambas cosas. Nadie lo podría haber guionado mejor.
Embajadas, atentados, espías, servicios secretos, guerra mediática y de la otra como condimentos de una trama que ha mostrado su mano en otra jugada clásica pero claro, en este casino los demás somos espectadores prontos a ser convocados si hay que poner plata nada más.
Concreto: hay un muerto, un gobierno denunciado en su último año de mandato y una oposición comandada por los medios pronorteamericanos que se frota las manos. ¿qué mas?
IXX-ene2014
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Las preguntas que le esperan al fiscal
Nisman irá mañana al Congreso. Deberá responder, por ejemplo, por qué el Gobierno pidió que sigan vigentes los alertas rojos si el objetivo del supuesto plan era levantarlos. O por qué no se vendieron granos a Irán ni nunca se presentó la supuesta pista falsa.Por Raúl Kollmann
La sala II del Anexo del Congreso será un hervidero mañana cuando el fiscal Alberto Nisman concurra a la Comisión de Legislación Penal a informar sobre su denuncia contra la Presidenta y el canciller por el caso AMIA. El encuentro será a las 15. El fiscal sostiene que se pactó la impunidad de los sospechosos iraníes a través de la creación de una pista falsa en la que se le atribuiría el ataque a “fachos locales”; se pactó el levantamiento de las señales rojas y luego un acuerdo de intercambio económico de petróleo iraní por granos argentinos. El fiscal tendrá un problema grave para explicar mañana: ninguna de esas cosas ocurrió. Ni hubo pista de fachos locales ni se levantaron los alertas ni se compró una gota de petróleo a Teherán. Además, Nisman dice que gran parte de la maniobra, que comenzó hace cuatro años, recayó en un agente de la Secretaría de Inteligencia (SI). Es decir que el principal socio del fiscal, el poderoso jefe de Operaciones de la SI, Jaime Stiuso, quien manejaba la Secretaría a su placer, tuvo bajo su mando a un agente que supuestamente trabajó para Irán y que él nunca denunció ni relevó. Nisman presentó un pedido de que se levante el secreto y que ese agente declare. La voluntad del Gobierno, como lo hizo en el caso AMIA anteriormente, es levantar toda veda y que el agente señalado declare. El problema es que la denuncia de Nisman todavía no da las precisiones ni pruebas necesarias para que la Presidenta redacte el decreto (ver aparte).
A continuación se analizan los principales puntos oscuros de la denuncia, sobre los cuales tendrá que responder Nisman mañana.
1 El fiscal dice que se acordó levantar los alertas rojos de Interpol, rebajando las capturas de los sospechosos iraníes. ¿Cómo explica que el secretario general de Interpol lo desmiente en forma tajante?
La secuencia es muy categórica. En primer lugar, se exhibió la carta del canciller Timerman a Interpol dos semanas después de firmado el memorándum. En 20 renglones el ministro le dijo dos veces al secretario general de Interpol que la firma del acuerdo no cambiaba el status de las órdenes de captura y que cualquier cambio sólo podía provenir del juez de la causa, Rodolfo Canicoba Corral. Dos meses después, Interpol contestó aquella carta diciendo que efectivamente los alertas rojos no se tocaban. El viernes, Noble le envió un mail a Timerman respaldándolo en un ciento por ciento y diciendo que nunca la Argentina hizo una gestión para que se levanten los alertas. En la entrevista concedida a Página/12 (ver aparte), sostiene que lo afirmado por Nisman “es falso”. “Al contrario, señor Nisman –dice Noble–, el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Héctor Timerman, y cada uno de los funcionarios del gobierno argentino con los que me encontré y hablé de esta cuestión, tuvieron siempre la misma posición: los alertas rojos de Interpol contra los ciudadanos iraníes debían mantenerse sí o sí”.
Nisman sostiene en su denuncia, que, por ejemplo, “en septiembre de 2013, Timerman se reunió con Noble para convencerlo de que autorice el cese de las notificaciones rojas”. Noble dice exactamente lo contrario: “Timerman vino a Lyon a reafirmar que la firma del memorándum no significa ningún cambio en los alertas rojos. Recuerdo la pasión con la que habló”, recordó el secretario general de Interpol.
Estas respuestas de Noble dejan a Nisman girando en el vacío: el principal protagonista dice que lo afirmado por el fiscal es mentira.
2 ¿Dónde está la pista en la que se involucraría como autores del atentado a “fachos locales”? ¿Por qué no se la informó al juez?
En el resumen que distribuyó Nisman sobre su presentación judicial, se dice que en noviembre de 2012 el ex juez Héctor Yrimia se reunió con el dirigente de la comunidad argentino-iraní, Alejandro Yussuf Khalil, y combinaron armar una pista falsa destinada a echarles la culpa del atentado a “fachos locales” y sacarles la responsabilidad a los iraníes.
¿Dónde se presentó esa pista en estos dos años y tres meses? Si no se presentó en ningún lugar, ni siquiera constituyó una tentativa de encubrimiento, de desviar la causa. Como sostiene el ex integrante de la Corte, Raúl Zaffaroni, aun en caso de probarse lo que dice el fiscal, es la preparación de un delito, no un delito. Y la preparación es impune porque no se ha llegado al principio de ejecución. Y de todas formas ¿cómo se llegaría de una conversación entre Yrimia y Khalil a la participación de la Presidenta y el canciller?
El juez Rodolfo Canicoba Corral, encargado de la causa AMIA, dice que es gravísimo que no se le haya informado que podía existir otra pista, aun si no fuese verdadera, en el caso AMIA. “El fiscal hizo una investigación paralela y clandestina sobre algo que tenía que ver con el atentado en sí mismo. Eso es muy serio y tengo que estudiar si no incurrió en una gravísima desviación de la causa”, razonó el magistrado.
Hay una pregunta retórica inevitable: ¿ante quién debía presentarse la nueva pista de los fachos locales? La respuesta es obvia: ante el propio Nisman y el juez. De manera que la supuesta intención de desviar la causa ni siquiera tenía posibilidades de prosperar sin el visto bueno del fiscal.
3 ¿El plan tenía el objetivo de cambiar petróleo por granos?
Ya se ha dicho que eso tampoco ocurrió. Argentina nunca le compró una gota de petróleo a Irán y tampoco hubo ningún convenio. Nunca hubo una misión comercial de Argentina a Irán o de Irán a la Argentina. El país sólo compró petróleo en 2013 y provino de Nigeria y otros combustibles se le compran a traders cuyo proveedor en ningún caso fue Irán.
Nisman sostiene que el canciller mintió cuando dijo que no se le vendía a Irán por los embargos internacionales. Pero no fue así. Aquella frase fue pronunciada por Timerman en una visita al Congreso cuando el diputado radical Ricardo Gil Lavedra le preguntó si era verdad que Argentina le vendió una central nuclear a Irán. Ahí Timerman contestó justamente que de ninguna manera, que no se le podía vender una central nuclear a Irán por los embargos internacionales de una instalación sensible como ésa.
Argentina le vende muy poco a Irán y las cosas no cambiaron para nada con la firma del memorándum. El 80 por ciento de los 1200 millones de dólares que Argentina le vende a Irán es soja que no provee el Estado, sino que buena parte sale del grupo Grobocopatel, que nada tiene que ver con el Gobierno.
4 Nisman sostiene que en la ciudad siria de Alepo, Timerman pactó la impunidad con el canciller iraní. ¿Cuál es la prueba?
En su escrito, el fiscal asegura que el canciller iraní Alí Salehi y Timerman se reunieron en esa ciudad siria en 2011. Fue público que el canciller argentino se encontró con el presidente de Siria, pero en todo caso no constituía ningún delito que Timerman se reuniera con Salehi: la Argentina desde hacía rato trataba de lograr un acuerdo con Irán para encontrar un tercer país donde hacer el juicio AMIA o buscar una forma de que los sospechosos se presentaran a la Justicia. Nisman dice que su prueba es que el periodista José “Pepe” Eliaschev afirma que vio un documento supuestamente de Salehi al presidente de Irán donde le contaba que había pactado con Timerman. ¿El texto? No, el documento de Salehi no está. Ni existe la más mínima posibilidad de que se pueda probar que era auténtico. La pregunta que seguramente tendrá que responder Nisman es ¿le parece que eso es una prueba?
5 ¿Quién apañó al supuesto agente pro iraní de la ex SIDE? ¿De quién dependía?
Es público y notorio que el sostén de Nisman ha sido el poderoso ex jefe de Operaciones de la SI, Jaime Stiuso. En la página 16 de su denuncia, Nisman transcribe una escucha de un agente de la SI que habla con el dirigente supuestamente pro-iraní, Khalil. “Tengo un chisme... Me dijeron ahí en la casa (la ex SIDE) que Interpol va a levantar los alertas rojos.” No parece una prueba de envergadura y todo indica que es de hace, cómo mínimo, un año y medio. Pero, además, a ese agente o a otro –no está claro en el texto del fiscal– también lo involucran en el armado de la pista de los fachos locales.
Es decir que dentro de la Secretaría que manejaba Stiuso a su antojo, permitió –supuestamente– que operaran durante un año y medio agentes proiraníes que, hasta el momento, no se sabe quiénes son.
Aún así, Nisman dice que respondían a la Presidenta, pese a que no tiene ni una escucha de la mandataria, ni siquiera del diputado Andrés Larroque y apenas frases del dirigente argentino pro-iraní, de Luis D’Elía y Fernando Esteche. Ninguno de estos tres es funcionario ni allegado a la Presidenta. Como señaló el juez Canicoba Corral, ni siquiera las escuchas son pruebas en sí mismas: es la SI la que dice que Fulano afirma tal cosa. Hay que ver si es verdad, hay que ver en qué situación se produjeron esas conversaciones y se necesita determinar si en tal conversación el protagonista quiere agrandarse para hacer negocios políticos o económicos.
6 El fiscal insiste en que el memorándum es la pieza clave del plan criminal de encubrimiento. ¿Un documento votado por el Congreso constituye un delito?
El ex secretario de Interpol Ronald Noble dice que el memorándum fue un paso adelante porque se buscó una forma de llevar a los sospechosos a un juicio. Amnesty International afirmó: “El Memorándum de Entendimiento, una oportunidad para alcanzar justicia y reparación para las víctimas”. Se podía estar políticamente a favor o en contra, pero lo cierto es que lo votó el Congreso y buena parte de los familiares dijeron que había que hacer el intento. Cuando se acordó el juicio por el atentado en Lockerbie, en que Estados Unidos y el Reino Unido acusaban a dos libios, el principal negociador –en silencio– fue Nelson Mandela.
En su escrito, Nisman considera como prueba que “tiene un enmarañado proceso de aplicación”, lo que es evaluar judicialmente una decisión política tomada por diputados y senadores. En todo caso, como siempre sostuvo el Ejecutivo, la Justicia intervendría en su momento resolviendo si lo firmado era compatible con el sistema judicial argentino. Sin dudas la pregunta que tendrá que responder mañana Nisman es: una ley puede ser inconstitucional, pero ¿puede ser delito?
raulkollmann@hotmail.com
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-264222-2015-01-18.html
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El contexto de Nisman
Por Edgardo MoccaLa acusación por “encubrimiento” a la Presidenta fue pronunciada por el fiscal Nisman veinte años después de abierta la causa AMIA. El hecho objetivo invocado como argumento para la denuncia –el memorándum de acuerdo entre Argentina e Irán para facilitar la investigación sobre los imputados de esa nacionalidad en la causa del atentado– sucedió hace poco menos de un año, es decir diecinueve años después del acto terrorista. Diecinueve años después. El memorándum fue impulsado, además, después de varios años de una parálisis casi total de la causa, cuyo fiscal era desde 2005 el mismo que hoy denuncia a la Presidenta por “encubrimiento”.
El operativo Nisman tiene la forma de algo muy poderoso urdido en oscuras agencias conspirativas trasnacionales. Sin embargo, no es descartable que sea nada más que un “vuelto” de algún funcionario recientemente relevado de la cúpula de la SI. Así parece insinuarlo el carácter descabellado que tiene el hilo conductor de la presentación del fiscal. “Con la finalidad de mejorar la relación comercial con Irán se intercambió este objetivo con el encubrimiento de los culpables de la masacre de la AMIA”: a ese simple enunciado puede reducirse todo el escándalo abierto por el fiscal y revestido en estos días de dramatismo institucional por la maquinaria mediático-política enfrentada al Gobierno. Claro que esta eficacia políticamente estremecedora de un simple golpe de efecto servicial merece ser puesta bajo la lupa.
El antecedente más importante que tiene la denuncia de Nisman es lo sucedido durante la discusión parlamentaria sobre la aprobación de la firma del memorándum. Los argumentos de la oposición giraron entonces alrededor de dos centros argumentativos muy claros y definidos. Uno era la interpretación del documento como una concesión a Irán a cambio de ventajas comerciales, el otro era la denuncia de un giro de la política internacional argentina en la dirección a alejarse del “mundo libre” y acercarse al “eje del mal”: si se mira con atención, cualquiera de las dos interpretaciones da por sentado el hecho de que el Gobierno apunta a la impunidad de los iraníes acusados; es decir, se trata de un adelanto de la denuncia por “encubrimiento”, el fiscal se ha limitado a traer uno de esos argumentos en auxilio de su operación política. Para “encubrir” primero hay que “descubrir”. Y la Justicia no descubrió nada en el caso AMIA y en cambio encubrió mucho, casi todo. La centralidad misma de la pista iraní, por ejemplo, tiene poco que ver con prueba judicial alguna que la sustente; es el resultado de la presión de Estados Unidos en esa dirección, cuando el régimen iraní constituía uno de los blancos centrales de la diplomacia y de las hipótesis bélicas de ese país. Los documentos recientemente revelados por Wikileaks son suficientemente probatorios de las presiones del Departamento de Estado de Estados Unidos para descartar de modo terminante la pista siria y las conexiones locales. Si uno sigue las huellas políticas de la causa AMIA, fácilmente descubre quiénes fueron realmente los encubridores y qué objetivos defendían. Pero aún dando por ciertas las denuncias dirigidas a personalidades del régimen iraní, hay que decir que nunca tuvieron sustentos probatorios medianamente serios, como lo demuestra el rechazo de la Justicia británica al pedido argentino de extradición de uno de los acusados por falta de pruebas. Casi dos décadas después del crimen puede decirse que la alternativa a la firma del memorándum no es el esclarecimiento en la Justicia argentina sino el ocaso irreversible de la causa por falta de avances sustantivos.
Entre los motivos supuestos antes por la oposición y ahora por Nisman para proceder al “encubrimiento” de personas sobre cuya responsabilidad criminal nadie había probado absolutamente nada, hay uno que constituye un problema muy profundo relacionado con la inserción argentina en el mundo. Se trata de las relaciones con Irán, pero sobre todo se trata de las relaciones con Estados Unidos. Porque el problema era y es que el documento se firma en común con Irán. Es decir, se firma con un Estado que representa el mal absoluto, el autoritarismo, la negación del Holocausto. Un Estado, además, cuya responsabilidad en el ataque a la AMIA no necesita ser probada; la acredita la intuición, el sentido común occidental. Claro que las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán evolucionaron positivamente en los últimos meses, pero bien se sabe de las enormes presiones que se ejercen sobre el gobierno de Obama para terminar con el viraje negociador y retomar francamente la orientación militarista y agresiva hacia Irán. Y, en todo caso, el giro de la causa fue ejecutado en plena connivencia con los servicios secretos de Estados Unidos y de Israel. Por lo tanto, el momento elegido para la presentación de la denuncia es muy significativo: hace pocos días el asesinato de un grupo de periodistas en París volvió a poner en acción todo el repertorio discursivo de la derecha mundial dirigido a cerrar filas en la “guerra contra el terrorismo”, entendida la expresión como el combate contra los terroristas enemigos. En estos días se ha desatado una insólita campaña de extorsión ideológica contra quienes intentan poner en discusión el contexto del crimen de París. A quienes no comparten el diagnóstico de la situación mundial que sostienen la OTAN y Estados Unidos se les pregunta por sus credenciales democráticas y favorables a los derechos humanos. Y entonces reaparece el ataque a la política internacional argentina en términos de alejamiento del “mundo libre” y acercamiento al mal absoluto. Es ese reservorio de prejuicios ideológicos travestidos como certezas políticas lo que conforma la condición de posibilidad para que un pobre carpetazo servicial se coloque en el centro de la agenda política del país.
Para que la inverosímil denuncia se convierta en un acontecimiento político es necesario que existan fuerzas muy poderosas en el país interesadas en agudizar al extremo las tensiones políticas que han atravesado nuestra realidad en la última década. En principio resulta curioso este interés por tensar la cuerda de las pasiones políticas, cuando según el establishment mediático faltan pocos meses para el fin del ciclo kirchnerista. Muy poco es lo que ha avanzado la oposición en instalar sus consignas, sus propuestas y sus candidatos hacia la elección del próximo octubre; por ahora todo se resume en una disputa entre dos de los candidatos sobre la cantidad y calidad de fotos que se sacan al lado de dirigentes provinciales del radicalismo y una abierta disputa dentro del propio radicalismo y proyectada a sus aliados sobre si hay que hacer o no una alianza con Macri. Como diseño de la apertura de un “nuevo ciclo” parece bastante poco. El centro de gravedad de la lucha por el poder en la Argentina de hoy no se deja resumir en querellas por candidaturas, alianzas o plataformas electorales. Ese centro de gravedad es una intensa batalla entre las grandes corporaciones económicas y el Gobierno por el timón político del país. Los sucesos que recorren el Poder Judicial y la virtual guerra entre algunos de sus segmentos y el Gobierno no son solamente una estrategia de autodefensa corporativa: son también un núcleo de la resistencia de un sector muy poderoso de la sociedad contra el sentido de las políticas públicas de estos años y contra el peligro de su continuidad y profundización. Valga nada más que como un ejemplo de esta cuestión la apertura de lo que podría llamarse el capítulo civil del enjuiciamiento y castigo al terrorismo de Estado.
Este núcleo poderoso de la sociedad argentina había imaginado un diciembre de paros, saqueos, conflictos policiales, corridas bancarias y denuncias espectaculares para el último mes del año pasado. De todo eso quedaron algunas tapas de diarios y algunas operaciones judiciales contra la Presidenta. El país sigue viviendo en paz, ahora se toma masivamente vacaciones y se prepara para seguir viviendo normalmente. En este clima empieza a definirse el panorama electoral para octubre. Es un clima peligroso para el revanchismo monopólico. Porque el poder político de la Presidenta sigue intacto y su imagen crece. En consecuencia, la posición que adopte ante las internas del FpV tiende a adquirir una fuerza política considerable. Si se mantuviera esta tendencia, la profecía –sistemáticamente cultivada con operaciones– de que la presidencia de Cristina desembocaría en el caos y la ingobernabilidad empezaría a fracasar. Y lo que la coalición de los poderosos persigue no es un cambio pacífico y normal de autoridades en el país. Lo que quieren es el cierre drástico y duradero de lo que consideran una aventura política imprudente. Un cierre tal que desaconseje cualquier intento, por moderado que fuera, de reabrir la agenda política de estos años. Es decir, de reabrir la cuestión de la distribución del ingreso, de la reindustrialización, de la democratización de la Justicia, de la política exterior soberana genuinamente, enemiga del terrorismo, amante de la paz e integrada regionalmente.
Esa necesidad de un sector de la Argentina de patear el tablero para llegar a situaciones de incertidumbre y conmoción colectiva antes de las elecciones es lo que ha convertido un vulgar pasaje de facturas de funcionarios desplazados o acotados en sus recursos en una cuestión de relevancia institucional. Esto es lo que hace completamente necesario que el tratamiento de esta patraña sea completamente público y transparente. Para que, entre otras cosas, sepamos mejor quién es Alberto Nisman y quiénes son los que están dispuestos a acompañarlo hasta el final en esta movida. También para que pongamos en el centro la necesidad de hacer justicia con las víctimas y sus familiares.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-264207-2015-01-18.html
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