Enredos conceptuales de los amarillos

El cambio que estamos experimentando es tan rotundo, que hasta los funcionarios amarillos están desorientados. Unos afirman que el trabajo sucio ya está hecho mientras otros auguran que lo que hace falta es un ajuste mayor. Por momentos, Macri habla de dolorosas medidas y al rato, asegura que esto es gradualidad. La Revolución de la Alegría resulta asfixiante dentro del oscuro túnel en que nos han metido y la luz del final se extingue en la distancia. Los que prometían que íbamos a estar cada vez mejor nos reprochan los disfrutes del pasado y nos exigen restricciones para seguir llenando las copas de los que tienen de sobra. Con sus propias decisiones rompieron un equilibrio y, como no encuentran la vuelta para armar uno nuevo y ya no pueden restituir el anterior, sólo apelan a las tretas de siempre: el denuncismo cotidiano, los enredos judiciales y la confusión discursiva para entretener a un público anonadado.


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jueves, 4 de agosto de 2016

Hasta los propios reconocen que las cosas no van bien. Las cifras más abstractas y las cotidianas no anticipan meses armoniosos. La lluvia de dólares se resiste hasta a las danzas de los brujos más poderosos. La mágica confianza que iba a conquistar a los inversores del mundo demuestra sus fracasos seductores. El as en la manga de la flexibilización laboral amenaza toparse con la resistencia de los trabajadores. La excusa de la pesada herencia se disipa ante el despertar de la memoria colectiva. Las denuncias domingueras se desmienten antes de convertirse en los titulares del lunes. Los jueces independientes de la Justicia ya no saben qué inventar para procesar ex funcionarios y los periodistas independientes del periodismo no encuentran más recursos para disimular el horror del engendro que ayudaron a construir.
Cuando los productos cotidianos exhiben números exorbitantes o empiezan a escasear, los relatos oficiales se vuelven ineficaces por más marketineros que sean. Si la billetera no alcanza, el malestar rompe con todos los argumentos. Más aún si cada día incorporamos más imposibilidades. Corear “sí, se puede” cuando hoy se puede hacer menos que ayer es casi de autómatas. Mantener las esperanzas mientras los miembros del Gran Equipo muestran gestos de velorio es propio de masoquistas. Si salen a pedir a sus votantes que pongan buena cara ante las asperezas del cambio es porque intuyen que el 51 por ciento está menguando.
El sinceramiento tan cacareado no es más que envolver a las víctimas en un perverso entramado de mentiras. Los únicos que invierten son los ciudadanos y no por propia voluntad. Mientras nos piden nuevos sacrificios, los principales beneficiados por las decisiones gerenciales de Macri siguen acumulando sin soltar un centavo. La lógica del derrame vuelve a fracasar porque la avaricia no permite fisuras.
La manteca y el símbolo
Tanto estamos cambiando que, en breve, la manteca se convertirá en uno de los principales venenos. Un episodio digno para la historieta del ridículo. Como el Gran Equipo está conformado por gerentes, quedamos a merced de los caprichos empresariales. Y el Estado nada puede hacer porque, como buenos liberales, no son intervencionistas. Así dicen, pero es una de las principales hipocresías. ¿Acaso no es intervención quitar retenciones, liberar el comercio exterior y permitir la importación sin arancelamiento? ¿O qué es el blanqueo de capitales sino una fuerte intervención para beneficiar a los verdaderos representados? Pero para Ellos no está mal tomar medidas para facilitar la acumulación de los poderosos, pero intervenir a favor de los más vulnerables es repudiable. Y ponen cualquier etiqueta para reforzar el rechazo: intervencionismo, populismo, proteccionismo. Ahí se enciende la alarma y el Estado simula ser sólo un espectador del juego que propone el mercado.
Según el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, no puede hacer nada si “hay una decisión empresarial de hacer más queso porque les permite un mayor margen de rentabilidad”. En esas circunstancias, el “sí, se puede” pierde su efecto mágico. En realidad, siguen fabricando manteca, pero para exportación. El gobierno no se queda al margen: sus apologistas mediáticos presentan productos alternativos o difunden las bondades de no consumirla. Tanto denostar al periodismo militante, desde la TV Pública un periodista relató un episodio ocurrido en Dinamarca, donde un incremento del precio del producto logró salvar 150 vidas por reducción del consumo. A partir de ahora, deberemos agradecerles por privarnos de la manteca, del lomo, del aceite y de todo lo que nos vamos a tener que privar con la escueta mesa que los amarillos disponen para nosotros.
Y no sólo en nuestra mesa tendremos restricciones. El intervencionismo estatal para los más poderosos nos aprieta por todos lados. Gracias al proteccionismo para las grandes fortunas, las clases medias están perdiendo la planificación de su futuro: nada de vacaciones, coches nuevos, reformas hogareñas, estreno de artefactos. Y si las clases medias restringen sus disfrutes, ni hablar de las renuncias de los sectores menos favorecidos. Los comedores comunitarios empiezan a desbordar de concurrentes y las organizaciones que atienden a personas en situación de calle deben duplicar las raciones que reparten.
Ya estamos conociendo el cambio y nos gusta cada vez menos. Además de los bienes que nos niegan, el populismo de derecha encabezado por Macri no cesa de provocar. Como representa al establishment, todos sus instrumentos están a la mano para concretar el ambicioso plan de apoderarse para siempre del país. No sólo de sus riquezas sino también de sus símbolos. Los festejos por el Bicentenario de la Independencia y el discurso del empresidente frente al rey de España es una síntesis de esa intención. Este emblema puede ser re significado y, a 200 años de declararnos independientes, el ministro de Economía se disculpa ante los empresarios españoles y Macri analiza la psiquis de Nuestros Héroes ante el querido Rey.
Los símbolos que puedan ser reciclados por el plan restaurador serán funcionales para la refundación de la colonia, ahora llamada supermercado del mundo. Los que no, serán destruidos. Las madres, la K, La Cámpora, los nombres, las personas. Como intentaron en otros tiempos de la historia: vaciar la memoria para escribirnos desde cero. Sin dudas, estamos padeciendo la primera dosis de la doctrina del shock. Provocaciones a la espera de una reacción. Reacciones que reciben represión. El cambio es un castigo cargado de promesas. Un presente plagado de castigos. Pero el futuro no debe ser eso porque no es lo que prometieron. Antes de que hayamos cambiado del todo debemos escapar de este túnel que no nos conduce a una luz salvadora, sino al infierno en el que muchas veces estuvimos.
Publicado por Gustavo Rosa

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