Vidas paralelas - La vida de Milagro Sala y de Margarita Barrientos
http://www.twitlonger.com/show/n_1so6qo1
Sin embargo, ambas fueron por caminos diferentes.
Nacida en Añatuya, Santiago del Estero, Margarita Barrientos, su madre falleció de Chagas y leucemia cuando ella tenía 12 años. Su hermano mayor, de 14, la llevó a un pueblo cercano y la dejó en una plaza, junto a otra hermana de 9. Adoptada, sobrevivió, se casó y cirujeaba en Lugano para darle de comer a sus 9 hijos.
Milagro Sala fue criada en una familia extremadamente pobre, y descubrió que era adoptada, cuando cumplió los 15 años: su madre biológica, aún más pobre que la adoptiva, la había abandonado en una caja de cartón frente al hospital, en San Salvador de Jujuy.
Viviendo en la calle, se hizo lustrabotas, y sobreevivió robando para comer, cuando fue necesario. Estuvo presa por este motivo, y las condiciones de detención eran tan espantosas, que inició una huelga de hambre para llamar la atención de las autoridades.
La crisis de finales de los 90, encuentra a estas dos mujeres, cirujeando, y reclamando ante organismos gubernamentales para obtener bolsones de comida y alimentar a los pibes que pasaban hambre en sus barrios.
Sin embargo, estar en Capital, hizo que Margarita Barrientos, fuera la mimada de los medios de comunicación. Era cómodo, estaba cerca, y la nota periodística costaba poco a las productoras. Milagro Sala , en cambio, seguía peleando por llenar las ollas populares con lo que lograba conseguir. sin que nadie la tuviera en cuenta.
Los tiempos cambiaron, y Milagro Sala, organizó a toda esa gente muerta de hambre y de esperanzas, armando cooperativas de trabajo.
Margarita Barrientos, recibió gustosa la camioneta de alimentos que el gobierno de Mauricio Macri le empezó a enviar en 2007 .
Ambas hicieron obras: Margarita Barrientos construyó un galpón, le da de comer a 200 niños, y tiene una suerte de guardería. En la ciudad más rica de la Argentina. Con ayuda del estado municipal, que recauda 90.000 millones de pesos anuales, y cubre apenas 200Km2.
A pesar de las promesas del entonces jefe de gobierno, Lugano nunca tuvo su hospital. Apenas una salita para la que el gobierno porteño contrató a un solo médico. Es decir, tienen una deficiente atención sanitaria, por apenas unas horas al día.
Pero Margarita Barrientos, está feliz. Votó a Macri. Ella sonríe para las cámaras, porque puede darle de comer a esos pibitos que caminan por el barro en los días de lluvia y los ve felices cuando se van con las panzas llenas.
Milagro Sala , en cambio, criada a los palos, sabía que no podía sentarse a esperar limosnas. Y organizó a los padres de esos pibes en cooperativas. Y empezó a exigir al estado provincial y también al estado nacional.
Se afilió a la CTA, y desde allí, exigió convenios para que las cooperativas logren trabajar para el Estado. TRABAJAR. No limosnas.
Y construyeron, con las cooperativas, junto al Estado Nacional que ponía el dinero, el barrio Tupac Amaru, viviendas dignas, agua corriente, escuela absolutamente equipada, hospital, centro de atención odontológica, guardería, cooperativa textil que cose los guardapolvos, delantales, sábanas para hospitales, cortinas... El barrio tiene además, pileta de natación comunitaria, canchas de hockey, voley y futbol para que los pibes sepan lo que es la niñez.
Mientras Margarita Barrientos, al amparo de los medios , es casi presentada como una santa, por dar de comer a 200 pibes con limosnas; Milagro Sala es acusada de crear un estado dentro del estado, porque con esta organización comunitaria, hay más de 100.000 personas que tienen trabajo y pueden alimentar a sus hijos, sin mendigar.
Basta con ver las fotos de "Los Piletones" y las del Barrio de la Tupac, en Jujuy, con las cooperativas de trabajo.
Basta con escuchar las declaraciones de Barrientos durante la toma del parque Indoamericano: "los tienen que mandar a sus casas y no darles nada", aunque admitió que "hay gente que necesita (un inmueble para vivir)", pero dijo que "es poca". http://www.perfil.com/sociedad/Margarita-Barrientos-No-les-den-nada-y-que-los-manden-a-sus-casas-20101213-0005.html
Porque para ella, vivir hacinados, pagando un alquiler de una pieza en una villa miseria, compartiendo baño y canilla, es razonable. No quiere "vagos". Ni que "subsidien" al pobre. Ella recibe la camioneta de limosna con comida para hacerles el almuerzo a los hijos, ¿qué más quiere esta gente?
Ella está contenta porque con la limosna gubernamental, y sonriendo para las fotos, los cinco hijos que Macri acomodó en el Gobierno de la CIudad de Buenos Aires como empleados estatales, seguirán pudiendo pagar el alquiler de la pieza en la villa.
En cambio Milagro Sala, en lugar de estigmatizar a quienes les daba de comer, los organizó, les hizo creer que con esfuerzo personal, ayudados por el Estado dándoles trabajo, podrían vivir en sus propias casas y ganarse el sustento para ellos y sus hijos.
Milagro no sonríe. Milagro pelea. Milagro no se deja comprar. Milagro sabe que con la limosna, nunca tendrá dignidad.
Estigmatizada por los medios de comunicación una, bendecida la otra, ambas lucharon por poner un plato de comida en la mesa.
Pero una acepta la mano que la ayuda, sin dejársela poner encima. Por eso, hoy, está presa.
Contradicciones de la hipocresía mediopelística de la Argentina moderna, en la que se babean con la planera y sus hijos ñoquis; mientras tilda de ladrona a quien logró organizar un pueblo.
Vidas paralelas
La vida de Milagro Sala y de Margarita Barrientos tienen un estigma en común: la más absoluta pobreza en la que nacieron.Sin embargo, ambas fueron por caminos diferentes.
Nacida en Añatuya, Santiago del Estero, Margarita Barrientos, su madre falleció de Chagas y leucemia cuando ella tenía 12 años. Su hermano mayor, de 14, la llevó a un pueblo cercano y la dejó en una plaza, junto a otra hermana de 9. Adoptada, sobrevivió, se casó y cirujeaba en Lugano para darle de comer a sus 9 hijos.
Milagro Sala fue criada en una familia extremadamente pobre, y descubrió que era adoptada, cuando cumplió los 15 años: su madre biológica, aún más pobre que la adoptiva, la había abandonado en una caja de cartón frente al hospital, en San Salvador de Jujuy.
Viviendo en la calle, se hizo lustrabotas, y sobreevivió robando para comer, cuando fue necesario. Estuvo presa por este motivo, y las condiciones de detención eran tan espantosas, que inició una huelga de hambre para llamar la atención de las autoridades.
La crisis de finales de los 90, encuentra a estas dos mujeres, cirujeando, y reclamando ante organismos gubernamentales para obtener bolsones de comida y alimentar a los pibes que pasaban hambre en sus barrios.
Sin embargo, estar en Capital, hizo que Margarita Barrientos, fuera la mimada de los medios de comunicación. Era cómodo, estaba cerca, y la nota periodística costaba poco a las productoras. Milagro Sala , en cambio, seguía peleando por llenar las ollas populares con lo que lograba conseguir. sin que nadie la tuviera en cuenta.
Los tiempos cambiaron, y Milagro Sala, organizó a toda esa gente muerta de hambre y de esperanzas, armando cooperativas de trabajo.
Margarita Barrientos, recibió gustosa la camioneta de alimentos que el gobierno de Mauricio Macri le empezó a enviar en 2007 .
Ambas hicieron obras: Margarita Barrientos construyó un galpón, le da de comer a 200 niños, y tiene una suerte de guardería. En la ciudad más rica de la Argentina. Con ayuda del estado municipal, que recauda 90.000 millones de pesos anuales, y cubre apenas 200Km2.
A pesar de las promesas del entonces jefe de gobierno, Lugano nunca tuvo su hospital. Apenas una salita para la que el gobierno porteño contrató a un solo médico. Es decir, tienen una deficiente atención sanitaria, por apenas unas horas al día.
Pero Margarita Barrientos, está feliz. Votó a Macri. Ella sonríe para las cámaras, porque puede darle de comer a esos pibitos que caminan por el barro en los días de lluvia y los ve felices cuando se van con las panzas llenas.
Milagro Sala , en cambio, criada a los palos, sabía que no podía sentarse a esperar limosnas. Y organizó a los padres de esos pibes en cooperativas. Y empezó a exigir al estado provincial y también al estado nacional.
Se afilió a la CTA, y desde allí, exigió convenios para que las cooperativas logren trabajar para el Estado. TRABAJAR. No limosnas.
Y construyeron, con las cooperativas, junto al Estado Nacional que ponía el dinero, el barrio Tupac Amaru, viviendas dignas, agua corriente, escuela absolutamente equipada, hospital, centro de atención odontológica, guardería, cooperativa textil que cose los guardapolvos, delantales, sábanas para hospitales, cortinas... El barrio tiene además, pileta de natación comunitaria, canchas de hockey, voley y futbol para que los pibes sepan lo que es la niñez.
Mientras Margarita Barrientos, al amparo de los medios , es casi presentada como una santa, por dar de comer a 200 pibes con limosnas; Milagro Sala es acusada de crear un estado dentro del estado, porque con esta organización comunitaria, hay más de 100.000 personas que tienen trabajo y pueden alimentar a sus hijos, sin mendigar.
Basta con ver las fotos de "Los Piletones" y las del Barrio de la Tupac, en Jujuy, con las cooperativas de trabajo.
Basta con escuchar las declaraciones de Barrientos durante la toma del parque Indoamericano: "los tienen que mandar a sus casas y no darles nada", aunque admitió que "hay gente que necesita (un inmueble para vivir)", pero dijo que "es poca". http://www.perfil.com/sociedad/Margarita-Barrientos-No-les-den-nada-y-que-los-manden-a-sus-casas-20101213-0005.html
Porque para ella, vivir hacinados, pagando un alquiler de una pieza en una villa miseria, compartiendo baño y canilla, es razonable. No quiere "vagos". Ni que "subsidien" al pobre. Ella recibe la camioneta de limosna con comida para hacerles el almuerzo a los hijos, ¿qué más quiere esta gente?
Ella está contenta porque con la limosna gubernamental, y sonriendo para las fotos, los cinco hijos que Macri acomodó en el Gobierno de la CIudad de Buenos Aires como empleados estatales, seguirán pudiendo pagar el alquiler de la pieza en la villa.
En cambio Milagro Sala, en lugar de estigmatizar a quienes les daba de comer, los organizó, les hizo creer que con esfuerzo personal, ayudados por el Estado dándoles trabajo, podrían vivir en sus propias casas y ganarse el sustento para ellos y sus hijos.
Milagro no sonríe. Milagro pelea. Milagro no se deja comprar. Milagro sabe que con la limosna, nunca tendrá dignidad.
Estigmatizada por los medios de comunicación una, bendecida la otra, ambas lucharon por poner un plato de comida en la mesa.
Pero una acepta la mano que la ayuda, sin dejársela poner encima. Por eso, hoy, está presa.
Contradicciones de la hipocresía mediopelística de la Argentina moderna, en la que se babean con la planera y sus hijos ñoquis; mientras tilda de ladrona a quien logró organizar un pueblo.