Shiva D#12
Shiva, d#12
El tiempo aquí se ha detenido es media mañana y afuera brilla el sol. Los pasajeros alojados en los pisos del enorme edificio del hotel elegido para su convivencia empresaria bajan al patio central del hotel a por un refrigerio, allí se distienden en un breve interludio, beben café, jugos de fruta y comen algo ligero. Nadie parece atender al resto, cada cual en la suya. El contexto laboral obliga a parecer seguros y enfocados, a unos le sale mejor que a otros, los hay que siguen conectados a sus tareas diarias y desesperadamente acuden a sus celulares por novedades y escriben rápidamente enérgicas respuestas que tornan pronto a desesperadas, otros estan de rutina, pasar una obligación y al cabo volver al aburrimiento de siempre. De a poco van armando conversaciones en grupos pequeños intercambian nimiedades sobre el café o el lugar. Tomo una medialuna y me alejo un poco, tomar distancia me ayuda a observar las conductas. No quiero estar aquí. Ya estoy arrepentido de no haber inventado alguna excusa para faltar y de pronto la veo avanzar entre el murmullo. Shiva busca sus cigarrillos más que un café, me acerco y le pido uno. No se puede fumar aquí, caminamos hacia el jardín al otro lado de la galería y le propongo salir al parque, allí es más amplio pero no estamos solos. Hay dos o tres intrusos que nos miran de soslayo pero sin disimulo al llegar. Casi al mismo tiempo se abren los grifos de riego, todo se vuelve confuso. Una repentina lluvia artificial nos hace separar, cada uno se cubre como mejor le parece y ya no podemos vernos. Entre la cortina gris del agua apenas se distinguen las demás siluetas. Una vez más nos perdemos, todos se esfuman. Yo mismo estoy desdibujado por las circunstancias.
IXX, jul2018
Siempre me disgustó volver por el mismo camino de ida, hay algo en desandar un viaje que me da a tiempo perdido y por qué no un poco de nostalgia cuando uno reve una oportunidad pérdida por no haber cambiado algo tan simple. Fiel a esa consigna autoimpuesta avancé. El pequeño bosque árboles frondosos ofrecía la calma que se merecía el momento, me detuve a la sombra, miré el cigarrillo que apenas había recibido una gota pequeña y salvó por poco del chubasco. Allí al contemplar el panorama el edificio amarillo quedó lejos y la lluvia de riego formó un arco iris enorme y radiante, tan cercano que casi se podía tocar al pie del arco iris, allí donde dicen que espera u a ola repleta de oro, Shiva abstraída calaba espaciadamente su pitillo...
Ixx, ago2018