Caso Nisman - La jueza y la causa

La jueza Sandra Arroyo, íntima de Stiuso, y el caso de las escuchas

http://pajarorojo.com.ar/?p=14015
Juan José Salinas25/02/2015AMIA, Embajada de Israel, Política nacional

​Ayer, en “Minuto Uno”, Gustavo Sylvstre comenzó el programa anunciando que la jueza Sandra Arroyo se dispone a hacer el viernes una jugada (tan poco sería como la narrada en el post anterior, pero que seguramente obtendrá todavía mayor cobertura): recusar a la fiscal Fein y pedirle a la Corte Suprema (dijo Sylvestre que ya había hablado con Lorenzetti) que la causa por la todavía “muerte dudosa” de su ex pase so pretexto de váyase a saber qué (“¿gravedad institucional”?) a la justicia federal, lo que es manifiestamente ilegal.


Cuando me tocó intervenir (cuando tenga el video del programa lo subiré) dije, para que me entendieran las más amplias audiencias, que “la jueza Sandra Arroyo ES Stiuso“, con la esperanza de que también se entendiera que semejante payasada es una devolución del despido del ex jefe de Operaciones de la SIDE y de la denuncia que efectuó el gobierno nacional contra él por un masivo contrabando agravado de aparatos electrónicos, medicinales y váyase a saber qué mas.

Sandra Arroyo fue puesta al frente del juzgado que había dejado vacante el juez Marquevich, removido por presión de Clarín por haber procesado a Laura Ermestina Herrera de Noble por la apropiación absolutamente ilegal de dos niños, presumiblemente hijos de desaparecidos… Esa causa quedó en manos de la jueza Arroyo, estrechísima aliada de Stiuso, y allí murió. Por cierto, Clarín (lean la edición de hoy) y algún columnista La Nación siguen tratando a Stiuso con reverencia, como si fuera una eminencia, tanto por esa delicada circunstancia como, es de sospechar, “Jaime” tiene agarrados de los testículos a algún columnista de la centenaria “tribuna de doctrina” a causa de su afición a orearlos dónde aquel, previsoramente, había plantado cámaras.

Hace unos minutos, El Blog del ingeniero (Néstor Sbariggi), publicó un intercambio de tuits con Iván Velázquez, el ex agente de la inteligencia militar, de la SIDE y de la PSA, prófugo en Uruguay porque está procesado por la jueza Arroyo como miembro de una asociación ilícita liderada por el ex secretario de Inteligencia Juan Bautista “El Tata” Yofre. Velázquez aduce que Arroyo expurgó de la banda a Stiuso, que era uno de los jefes, y lo metió a él, que nada que ver.


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EDITORIAL DE CLARIN

Clarin.comPolítica25/02/15

Cerco sobre Stiuso y defensa de Irán

http://www.clarin.com/politica/nisman-cristina_kirchner-iran_0_1310269010.html

Eduardo van der Kooy
Hay algunas piezas que no encajarían en la estrategia del Gobierno para orientar la investigación de una muerte –la de Alberto Nisman– que por ahora no tiene orientación. La ofensiva kirchnerista se multiplica contra el espía Jaime Stiuso, el hombre que habría aportado información al fiscal para la denuncia por encubrimiento terrorista, a raíz del atentado en la AMIA, que formuló contra Cristina Fernández y Héctor Timerman. Pero la fiscal Viviana Fein, a cargo del caso, no ha podido recoger aún ninguna señal, en la dirección que pretende el Gobierno, durante la primera declaración secreta que tomó a Stiuso.

Entre lunes y ayer el kirchnerismo realizó cuatro movidas. El fiscal de la Unidad Antilavado, Carlos Gonella, presentó una denuncia por presunto lavado de dinero contra Stiuso. Cayó en el juzgado del permeable Sebastián Casanello, el magistrado que fue conminado por la Cámara Federal para que, por aquel mismo posible delito, cite a declarar al empresario K, Lázaro Báez.

El ex titular de la Secretaria de Inteligencia, Oscar Parrilli, comunicó otro descubrimiento del Gobierno contra el espía. La imputa “contrabando agravado y evasión tributaria”.

Los principales diputados K continuaron en el Congreso con la tarea de intentar demoler la denuncia por encubrimiento que Nisman dejó antes de morir. El nuevo equipo de fiscales que la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó, designó para la causa AMIA –la mitad de ellos pertenece a Justicia Legítima– anticipó que podría empezar a rastrear la “pista siria” por el ataque. Es decir, iría en la dirección contraría a la que planteó Nisman. Significaría, por otro lado, un condicionamiento no menor a Daniel Rafecas, el magistrado que debe ocuparse de la controvertida causa después de la imputación que hizo a la Presidenta y al canciller el fiscal Gerardo Pollicita.

La denuncia de Parrilli exhibió ribetes llamativos. Stiuso, junto a otro par de colegas, fue acusado de comandar una red de tráfico ilegal que ingresaba al país productos importados, sin ser declarados y evadiendo impuestos. Lo habrían hecho, al parecer, amparados en la reserva que exigía la Ley de Inteligencia.

Parrilli dijo que la revelación fue posible gracias a información proporcionada por la Aduana. Y que el ilícito, detectado entre los años 2013 y 2014, habría sido cometido por un “sector de funcionarios” de la ex SI. Quedó claro que su intención fue deslindar responsabilidades de la vieja conducción. La compusieron durante once años Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher. Los viejos y queridos amigos de Néstor Kirchner.

Icazuriaga y Larcher, desde que fueron reemplazos en diciembre pasado, desaparecieron de la faz de la tierra. Uno de ellos anda por el exterior. Aquella disección política de Parrilli no pareció la obra de un buen cirujano.

Que un sector de la ex SI se estuviera dedicando al contrabando, como dice el Gobierno, descubriría el sumidero al que se terminó de convertir en la década K la Inteligencia en la Argentina. También sembraría interrogantes sobre la competencia del comando que resultó desplazado. Salvo que Icazuriaga y Larcher se hayan dedicado sólo a tareas de orden político. Dejando al resto de la SI como territorio liberado. Tampoco habría sido exactamente de ese modo.

Hay viejos episodios que revelarían una trama común, de las cuales el propio Stiuso, observado ahora como el hombre malo por los K, habría tenido participación por pedido de Kirchner. Casos de una enorme repercusión social. Se podrían recordar dos de tinte policial: el fino cerco sobre los secuestradores de Axel, el hijo de Juan Carlos Blumberg, en 2004, que por torpeza terminó siendo asesinado por sus captores. La persecución, esta vez con éxito, de los secuestradores del padre del actor Pablo Echarri.

También habrían existido otras maniobras con el fin de perturbar la política. En 2009, en vísperas de las elecciones legislativas, Francisco de Narváez quiso ser vinculado con el llamado Rey de la Efedrina, Mario Segovia. El dirigente debió presentarse a declarar ante el juez Faggionato Márquez. El propio Segovia, tiempo después, denunció que el magistrado le había pedido que involucrara a De Narváez. El desbaratamiento de la maniobra tuvo efecto búmeran para el Gobierno: el legislador ganó Buenos Aires enfrentando la candidatura del propio Kirchner y de muchos testimoniales.

Stiuso tendría todos los flancos vulnerables que ahora le achaca el kirchnerismo. E infinitamente mas. Pero fue un resorte que el Gobierno utilizó por más de una década. El divorcio y la ofensiva contra él perseguiría hoy otro objetivo. Mostrarlo como el hombre que, en hipótesis, manejó a Nisman y encauzó la investigación de la AMIA en contra de Irán con información procedente de la CIA y el Mossad.

Esa jugada se empalmaría con la idea de seguir la pista siria que poseería la nueva unidad AMIA conformada por Gils Carbó. En ese cuerpo hay cuatro fiscales. Pero la dirección quedaría a cargo de Juan Patricio Murray. ¿De quien se trata? De un fiscal que hizo una meteórica carrera empujado por Gils Carbó. De ser fiscal subrogante en la ciudad de San Nicolás pasó a la Fiscalía Federal 2 –lo cual motivo un pronunciamiento adverso de la Corte Suprema– y desempeñó durante un año funciones en Rosario. Fue quien preparó el terreno para el desembarco del Secretario de Seguridad, Sergio Berni, con el propósito de desarticular las bandas de narcotraficantes. Casi toda espuma: ese flagelante problema ni se atenuó ni se resolvió. Tampoco con el patrullaje de los gendarmes.

Murray tuvo choques frecuentes con la justicia de Santa Fe y con el poder político. Fue quien urdió, por ejemplo, la detención del ex jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli, sin el conocimiento de la administración socialista. Alguna vez el gobernador de la provincia, Antonio Bonfatti, llegó a denunciar a Murray “porque se pone en un papel mas partidario, que en el papel de verdadero fiscal”. El joven simpatizaría con el Movimiento Evita, una de las organizaciones sociales de los K.

La Presidenta y el kirchnerismo, por lo visto, parecen empeñados a correr a Irán del conflicto local e internacional en que lo metió la denuncia de Nisman. Las razones serían tan enigmáticas aún como la firma del incumplido Memorándum de Entendimiento. Cotejando dos episodios de la semana anterior se transparentaría esa intención. Timerman envió cartas a los embajadores de Estados Unidos e Israel advirtiéndoles que nuestro país no toleraría que sea convertido en teatro de operaciones políticas y de inteligencia. Alusiones inconfundibles al accionar de la CIA y el Mossad. Uruguay también afronta algunos desencuentros con Israel e Irán. Hubo episodios confusos ante la embajada israelí en Montevideo. El presidente José Mujica iba a solicitar el reemplazo del diplomático iraní pero Teherán lo madrugó. Dio por finalizada antes su misión. El canciller Néstor Almagro emplazó a ambas naciones para que no tomen al suelo uruguayo como escenario de sus disputas internacionales. Notificó a los dos partes, no sólo a una como hizo la Argentina.

Esas diferencias suelen ser habituales. La justicia uruguaya citó a declarar tres veces a Alejandro Vandenbroele, el supuesto testaferro de Amado Boudou, por una inversión sospechosa en Uruguay. Ninguna de las tres veces se presentó. Entonces solicitó a Interpol su detención. Así ocurrió el viernes en Mendoza. El gobierno kirchnerista está ahora haciendo lo imposible para que logre zafar.


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