Buenos Aires Tropical Cuatro Estrellas

El verano es una incógnita para mí.
A menudo oí tratar de holgazanes a los habitantes del norte argentino por esa costumbre de dormir la siesta y por el paso cansino, casi arrastrado que a los porteños siempre acelerados nos parecía desganado y casi imposible.
Con el tiempo, con los viajes y conociendo gente comprendí que las altísimas temperaturas obligaban a marchar con lentitud para preservar el cuerpo, el apuro puede ser incluso el causante de no llegar a destino.
Pero Buenos Aires es otra cosa, una ciudad con el ritmo de toda gran urbe, donde todo se hace rápido y en continuado. Se come de pie o al paso, se corre el transporte público y el horario es corrido de nueve a seis de la tarde.
Ahora, por esas cosas de la realidad o de la política o qué se yo, los veranos se han vuelto movidos. Indefectiblemente al llegar el verano se producen grandes manifestaciones, protestas, disturbios. Puede ser el oportunismo de las celebraciones de fin de año, la laxitud de la justicia o la urgencia por el aguinaldo y las vacaciones. La cuestión es que aún los días más calurosos del año, cuando se registran los records de calor, hay gente que corta avenidas, enfrenta a la policía, incendia, saquea.
Así en verano caen gobiernos, cierran bancos, a veces tenemos que lamentar muertos y se podrían contar centenares de heridos. No se trata de un fenómeno acotado, el relax generalizado lleva a beber de más, correr con el auto, descontrolarse en fiestas, y excederse en general de los límites propios traspasando el espacio ajeno, provocando más de lo mismo.

Entradas populares de este blog

El inefable sr. Lagorda