La creación y sus tiempos

El comienzo del siglo XXI parece no tener quien lo relate, en tiempo de ficciones, de irrealidades, de virtualidad nos faltan a los argentinos expresiones culturales en línea con la falta de rebeldías. A no confundir los odios y las broncas, a menudo legítimas, muchas veces instalados que tanto se manifiestan el las redes sociales con el verdadero sentimiento revulsivo de cambiar la sociedad por otra diferente, tal vez utópica pero al menos en el imaginario mejor y superadora del presente. En cambio tenemos expresiones de intensificar, de profundizar el modelo, de llevar al extremo el modelo de concentración, manipulación y control vigente. En otras palabras: las broncas actuales más que rebelarse, se subordinan rendidas al poder vigente.
En nuestro país pocas expresiones han tomado la responsabilidad del relato. Falta relato de la década de los noventa, del período de recuperación de principios de siglo, de la reivindicación de valores y de recuperación del ingreso en la forma de reparto. 
Se pregunta Marcelo Figueras en el Cohete por las representaciones en la música. Una curiosa excepción es un tema de una banda uruguaya que se hace cargo de preguntarse cómo pasó que llegara la derecha en 2015 después de la recuperación. Luego en una nota de Jorge Elbaum se hace una analogía entre los derroteros de dos cantantes populares.
Obvio que hay muchas miradas ausentes en este resumen, falta mucho del cine independiente, mucho de literatura, las culturas del trap y de la cumbia, el arte callejero con el grafiti a la cabeza y tantas otras expresiones pero ¿son masivas si no llegan a los medios de alcance nacional?
Como sea y con tantas deudas pendientes el debate está abierto y hay que darlo.

Captura. Los Villanos (video) by Niko Animación.
Ixx, 2024


Caos y creación en este patio
¿Dónde están las canciones que deberían servirnos de banderas a la hora de dar esta batalla?
Por Marcelo Figueras Ago 18, 2024
La sensación de no tener ya nada en qué creer —ni en la democracia, a esta altura— nos está matando. Se trata de una violencia espiritual frente a la cual no podemos permanecer de brazos cruzados, a no ser que nos hayamos entregado a la perspectiva de un suicidio en cuotas. Hay que empezar a reconstruirse desde abajo, horizontalmente, a partir de los pequeños actos amorosos de los que hablaba Cave: hacia nuestra gente querida, pero también hacia nuestros semejantes. Ser más conscientes que nunca de que la generosidad y la empatía crean comunidad, y por ende realidad, a pesar que desde arriba no llueva otra cosa que palos e invitaciones a salvarse del naufragio a como dé lugar.
https://www.elcohetealaluna.com/caos-y-creacion-en-este-patio/



Los villanos
Canción de No Te Va Gustar

Cuenta la leyenda
Que en un pueblo de acá cerca
No vivían preocupados
Pero un poco acostumbrados
A estar bien, -en, -en
Allá no sobraba nada
Pero a nadie le faltaba
Se olvidaron del pasado
Y de a poco se empezaron a quejar, ay
Y llegaron los villanos
De los feos, de los malos
Que venían del desierto
Y encontraron todo abierto
Entraron cien, -en, entraron cien
Al principio persuasivos
Con un pueblo poco unido
Y en una segunda fase
Se quitaron los disfraces
Y a correr de no creer, otra vez correr
Ay, mi dios, ¿como puede ser?
No lo entiendo, todo otra vez
Salir de la ruina para volver
Quien no sabe lo que tiene
Lo valora si lo pierde
No fue todo repentino
Empezó a escasear el vino
Y luego el pan, -an, faltaba el pan
Pero el pueblo empezó a hartarse
Y de a poco a organizarse
Para echar a los tiranos
Y volver a ser hermanos
Sin tenerle miedo a nada
Los sacaron a patadas a los cien, a los cien
Ay, mi dios, ¿como puede ser?
No lo entiendo, todo otra vez
Salir de la ruina para volver
¿Como puede ser?
No lo entiendo, todo otra vez
Salir de la ruina para volver

Compositores: Emiliano German Brancciari Amarillo
Letra de Los villanos © Cuatro Zonas S A




Dos formas de envejecer
El Indio Solari y Andrés Calamaro expresan dos formas antagónicas de evolución cronológica: el primero sigue dialogando con una forma lúcida que articula el compromiso poético con la dignidad. El segundo se debate en torno a la degradación reaccionaria contaminada con decrepitud. 
Nota de Jorge Elbaum.
Jorge Elbaum
21 de agosto de 2024

Escribir / 
como quien muerde un rayo / 
con los brazos en cruz // 
(…) Escribir / 
porque alguien olvidó gritar / 
y hay un espacio blanco, / 
ahora, que lo habita. /  

(Chantal Maillard)

El Indio Solari y Andrés Calamaro expresan dos formas antagónicas de evolución cronológica: el primero sigue dialogando con una forma lúcida que articula el compromiso poético con la dignidad. El segundo se debate en torno a la degradación reaccionaria contaminada con decrepitud. 
El paso del tiempo puede repasarse como un lapso efímero, si se mira en forma retrospectiva. Pero también puede comprenderse como un viaje en el que se registran y se consolidan ternura y esperanzas. Cuando los años empiezan a transcurrir como un torbellino, cada cual hace sus cuentas con lo atravesado. Quienes han tenido el extraordinario albur de envejecer y lograron acumular más de medio siglo en sus hombros –con algún que otro brillo en los ojos– suelen hacer cuentas con su trayecto. En ese diálogo de pretensiones introspectivas siempre intervienen los otros. Aquellos que nos han guiado, sugerido, aconsejado, cuestionado o criticado.
Todos hemos cambiado. Algunos para bien. Otros sin duda, para mal. ¿Cuál es el parámetro para evaluar la calidad de tal mutación? El vínculo con el mundo que nos rodea: la capacidad de entregarnos sin egoísmos a quienes amamos y la disponibilidad para acercarnos a los que más sufren, y la decisión para enfrentarnos a los psicópatas, mezquinos y crueles. 
Mirando las vidas de los que nos rodean, incluso tomando perspectiva con relación a nuestro propio trayecto vital, podemos ser equitativos en el balance. Incluso tomando en cuenta las sumas y las restas que corresponden a las contradicciones y las peleas que no supimos dar.  
Es indudable que a lo largo del viaje aparecen las oportunidades de ensanchar los márgenes de lo vital. De virar hacia el encuentro, de desfallecer o de transformarse en una patética máscara sombría. Algunos intentan la travesía del abrazo y flaquean. Otros renuncian. 
No es verdad que exista un desarrollo cronológico garantizado. Por ahí andan –como testimonio del servilismo y la claudicación– aquellos que involucionan. Pero es falso el apotegma conservador que nos pretende guiar hacia la desesperanza cuando habla del “incendiario a los 20, reconvertido en bombero a los 60”. Esa operación persuasiva se inscribe en el intento de domesticación dispuesto para convertirnos en una mueca nauseabunda de desesperanza y tristeza.  
El crecimiento supone alguna forma de alteración. Y es posible que algunas de las metamorfosis que incluyen puedan devenir en un fiasco o convertirse en simples marquesinas de marketing. Probablemente las más trascendentes son aquellas que nos han permitido encontrar un sendero más empático, más profundo y tierno con el entorno que nos rodea, e incluso con nosotros mismos. 
No existen recetas ni planos para ese viaje. No hay un mapa de crecimiento ni de madurez. Nadie te enseña cómo ser padre, madre ni como se hace para convertirse en un adulto. No se conocen las brújulas precisas acerca de cómo tramitar el tiempo. Uno (o una) puede fosilizarse en ese viaje o puede apostar a llegar con risas hasta el último peldaño. 
Andrés Calamaro y Gustavo Cordera son ejemplos vívidos de una decadencia pronunciada. Ambos continúan dando muestras de una decrepitud actitudinal, acompañada por declaraciones discriminatorias y repulsivas. El primero avalando principios neofascistas –en formato español de Vox– ; el segundo despotricando misoginia y avalando en la actualidad al gobierno perverso de Javier Milei. Del otro lado de la vida –donde todavía se escucha el acento enérgico de quien apuesta a la existencia– se dibuja la silueta de Carlos Alberto “el indio” Solari, que pese a sus problemas de salud no desdibuja su vínculo con las voces de la esperanza.  Negrura de un lado. La luminosidad del otro. 
Este contraste también puede observarse en la comparación entre Santiago Kovadloff y Julio Cortázar. El primero, partiendo de la izquierda para recalar en el macrismo y el segundo abrevando en el gorilismo para finalizar su rayuela en el cielo de quienes defendieron a las revoluciones cubana y sandinista. Existen miles de ejemplos comparativos. Los lectores ubicarán los suyos, incluidos por fuera de los nombres conocidos. Los casos de María Elena Walsh y Osvaldo Bayer también grafican este desequilibrio. Mientras la primera se colocó contra la carpa Blanca –en tiempos de luchas sindicales de los docentes– el Gran Osvaldo no dejó nunca de ser fiel a todas las demandas de los trabajadores. 
Hay muchas formas de tramitar el paso de los meses. Para gestionar ese tránsito, algunas llevan consigo una paleta de colores con los que se describen futuros mejores. Otras manchan el porvenir –y su propio pasado– estableciendo alianzas con los todopoderosos de turno.  Mientras tanto, Cortázar, Bayer y “El indio”, insisten en exhibir desde sus biografías, algunos ejemplos de cómo envejecer con dignidad.

Jorge Elbaum
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