Plazas (recuerdos de 2015)

La plaza, las plazas

El nueve de diciembre por la tarde noche despedimos a cfk en plaza de mayo. Una verdadera multitud colmo la plaza misma, hasta las avenidas lindantes, av de mayo, diagonal norte y sur, la gente a partir de las siete ya no podía ingresar y se acomodaba en los alrededores para escuchar el inminente discurso de despedida de Cristina.
Una despedida emotiva, un hasta luego que aliviaba el dolor del momento inesperado. Nos retiramos temprano ya entrada la noche y como rayos de energía desperdigamos nuestro canto por volver hacia las periferias.




Hoy asumió el PRO y las plazas eran otras. El traslado desde el Congreso a la rosada se televisó con una cobertura gozosa de los medios amarillos que transmitían imágenes de una pulcritud primermundista, se pretendió todo el tiempo dar imagen de algarabía, de orden y de masividad. Con planos cortos y tomas desde abajo la televisión mostraba multitudes por todas partes, los relatores destacaban la plaza atestada.
Un esfuerzo que continuó todavía tarde en coordinación con el partido de gobierno que hablaban de la masiva concurrencia toda. Como podían en un innegable esfuerzo por fundar una épica de la que carecen.
Si de algo se jacta el PRO es de su condición sin ideología, ascética, y esto se vio en la calle, en la plaza más precisamente donde convocaron unos miles que llegaron en micros como en cualquier concentración y otro tanto adhirió espontáneamente.
A pesar del montaje cuidado de la prensa propia, por las redes circularon fotos más realistas, nada que en el PRO no supieran pero…

La vara que dejó marcada la presidente saliente la tarde anterior y luego de un ciclo de doce años que produce o debiera un desgaste enorme no pareció afectarle el poder de convocatoria aún con las dos semanas pasadas bajo el intenso fuego de desgaste mediático orquestado para bajarle el perfil.
Las plazas de anoche y de hoy habrán confrontado en el imaginario de no pocos, las comparaciones son odiosas pero inevitables. El calor de ayer frente al frío planificado de este mediodía hacen a ambas construcciones una con la gente adentro y la otra con la gente lejos, tan lejos que no la llamarán pueblo ni intentarán convocarla, ¿o tal vez si a partir de haber tanteado el balcón?

Ixx-10dic2015


**


13 diciembre, 2015

Crónicas de la despedida de Cristina Kirchner.


https://argentoria.wordpress.com/2015/12/13/cronicas-de-la-despedida-de-cristina-kirchner/

El 9 de diciembre de 2015, después de ocho años de presidencia, Cristina Fernández de Kirchner se despidió del cargo con un discurso ante una rebalsada Plaza de Mayo.

Aquí algunas crónicas de la gente que acudió a escucharla.

El cartel lo pensaron entre los cuatro, sencillo, de apenas tres líneas. Se lo dieron a Lorenzo, el hermano menor, de 9 años, para sostenerlo en Plaza de Mayo. “Tomate un descanso –escribieron–. Te esperamos. Gracias por tanto.” A un costado, pegaron una foto de Lorenzo, enfundado en un casco y embanderado con un viejo pingüino de peluche, alguna vez comprado en Mundo Marino y al que Lorenzo rescató de un baúl “Esto ya lo vivimos –dice su padre–. Lamentablemente, la gente se olvidó. Pero hoy estamos en la plaza por ella: vinimos a mostrarle la semilla que sembró”.

“¡Chicos, esto no se vio nunca!”, dice poco más lejos Anabela, 20 años, a un grupo de amigos. “¡¿Autoconvocados reunidos para despedir a un presidente?!”, repetía. “Compará una foto de 2001 y ¡mirá ésta! Es la primera vez en la historia que el que tiene miedo de ser abucheado es el que entra, y no el que se va.”

Miguel viajó desde Mar del Plata con parte de los Descamisados, esperó la caída de la tarde sentado sobre una caja de tesoros. “¿Te puedo mostrar algo?”, preguntó. 64 años, emigrado de La Plata, ingeniero, de los que “tuve la suerte de votar a Néstor como parte de ese 22 por ciento de la primera vez”. Dice que cuando escucha a Cristina se acuerda de los Quilapayún, de una canción que decía qué culpa tiene el tomate, que viene un hijo de puta y lo manda pa’ Caracas. De la caja saca una foto vieja. Su cumpleaños de 17 años. En una mesa está él con un grupo de amigos, y entre ellos, Jorge, el hijo de Hebe de Bonafini. Trajo la foto ensobrada para regalársela a Hebe, si la ve. “Y ahora van a venir las cosas que ya sabemos: las medidas de Menem, las de Martínez de Hoz, va a venir represión, pienso yo. No ganaron por mucho. Y muchos lo votaron sin saber lo que es.”

Metros atrás, bajo un árbol de sombra flaca, Rubén Gil y Griselda Dular, los padres de Lorenzo y de Gerónimo, abren el cartel. “Venimos de San Martín, somos una familia común, trabajamos, tenemos dos hijos que estudian, mi señora es ama de casa”, dice él, en una suerte de código colectivo que se repite en cada parte de la plaza. Para 2002, Rubén perdía el trabajo en el ACA. Hicieron su exilio interno. Viajaron a Ayacucho. Pusieron un puesto de comidas. Mejoraron. Cuando fue el conflicto con los ruralistas, algo les hizo ruido. “Estábamos en Ayacucho y empezamos a ver lo injusto que era”, dice Griselda. “Veíamos cómo estaba el campo, que estaba bien pero siempre decía que estaban mal.” Néstor y Cristina hicieron una visita. Y ese día, los del campo escondieron las camionetas, apunta Gerónimo, el mayor, de 17 años: “¡Escondieron todo!, le gritamos a Néstor. Y él nos levantó el pulgar para arriba”.

Aurelia y Ernesto estaban parados en una esquina. 80 y 82 años. “¡Ya lo hemos visto todo! Hemos visto pasar muchos gobiernos. Hemos cruzado la vida”, dice Aurelia. Y Ernesto, en voz más baja: “Pero acá hay dos cosas: Perón y Cristina, ¡los demás se quedaron totalmente afuera!”







Entradas populares de este blog

El inefable sr. Lagorda