¿Para qué nos filma el gobierno?
Cuando se necesitan para el bien público las imágenes nunca están. ¿Cuál es el sentido de permitir esta práctica intrusiva?
Hemos visto cada vez con más frecuencia los camarógrafos y fotógrafos de las fuerzas de seguridad en las manifestaciones masivas, incluso en conciertos musicales y también vemos en las ciudades y pueblos numerosas cámaras fijas y anuncios de sistemas de control centralizados que hasta llenan espacios televisivos en programas de entretenimiento en los cuales vemos delitos comunes, inconductas en la vía pública, actitudes "sospechosas" y otras curiosidades por el estilo que dan cuenta de la potencialidad de este entramado de control de la sociedad. Pero vuelvo al pregunta ¿Para que nos filman?
La pregunta no es meramente retórica porque tenemos sobrados ejemplos que nos hacen dudar sobre la verdadera finalidad de observar y vigilar a los ciudadanos de a pie.
Recordemos el caso de la desaparición y asesinato de Ángeles Rawson que había salido de su escuela y caminado varias cuadras a su casa y no había una sola toma pública de su recorrido cuando la ciudad anunciaba tener por entonces un par de miles de cámaras fijas ditribuidas por la ciudad pero la única toma recuperada fue de una cámara privada y no se trataba de una zona marginal de la ciudad. Hubo varios casos de este tipo pero otro que llamó la atención fue un enfrentamiento muy violento entre barras bravas del club de futbol del presidente (por entonces jefe de gobierno de la ciudad) que al momento de dirimir espacios de poder estos energúmenos tuvieron la buena fortuna que la policiá tardó en llegar pero las cámaras que captaban los choques justamente en ese momento fallaron y los mandos de acercamiento y direccionalidad por control remoto no funcionaron y las tomas no sirvieron para nada.
Sabemos también que las fuerzas de seguridad y en particular Gendarmería filma sus procedimientos, desde varios ángulos pero cuando desapareció Santiago Maldonado no filmaron (ninguna de las cámaras!) y no tienen registro que ofrecernos de los acontecimientos que a la distancia resultan cruciales para nuestro espíritu democrático.
Pocos días después (al cumplirse un mes de la desaparición) en la marcha que reclamaba aparición con vida de Santiago Maldonado, las fuerzas de seguridad que lo filman todo no acertaron en detener a uno solo de los manifestantes que protagonizaron hechos de vandalismo y de violencia en esa jornada.
Pocos días después volvemos a ver a las inefables fuerzas de seguridad filmando a los asistentes al concierto de los Ratones paranoicos desde diversos ángulos y con varias cámaras. Pero pocos días en marchas por reclamos de género o incluso sociales y sindicales ante los hechos de violencia de presuntos agitadores tampoco hay una sola detención a partir de las tomas de video.
Digamos finalmente que la filmación y fotografía de los transeuntes y manifestantes son perturbadoras y condicionan pero si uno piensa que puede sentirse "seguro" por esta vigilancia está lejos de la realidad. Asumimos que el estado vigila para utilizar la información a su conveniencia que debiera ser la misma que la de los ciudadanos pero no, termina siendo un instrumento de cohersión sobre la ciudadanía y un instrumento partidario más.
En definitiva nos observa nuestro estado con nuestro dinero pero únicamente para preservar los intereses privados y particulares de unos pocos que al mejor estilo de las mafias se vale de la información para utilizarla a su conveniencia.
IXX, oct2017
Hemos visto cada vez con más frecuencia los camarógrafos y fotógrafos de las fuerzas de seguridad en las manifestaciones masivas, incluso en conciertos musicales y también vemos en las ciudades y pueblos numerosas cámaras fijas y anuncios de sistemas de control centralizados que hasta llenan espacios televisivos en programas de entretenimiento en los cuales vemos delitos comunes, inconductas en la vía pública, actitudes "sospechosas" y otras curiosidades por el estilo que dan cuenta de la potencialidad de este entramado de control de la sociedad. Pero vuelvo al pregunta ¿Para que nos filman?
La pregunta no es meramente retórica porque tenemos sobrados ejemplos que nos hacen dudar sobre la verdadera finalidad de observar y vigilar a los ciudadanos de a pie.
Recordemos el caso de la desaparición y asesinato de Ángeles Rawson que había salido de su escuela y caminado varias cuadras a su casa y no había una sola toma pública de su recorrido cuando la ciudad anunciaba tener por entonces un par de miles de cámaras fijas ditribuidas por la ciudad pero la única toma recuperada fue de una cámara privada y no se trataba de una zona marginal de la ciudad. Hubo varios casos de este tipo pero otro que llamó la atención fue un enfrentamiento muy violento entre barras bravas del club de futbol del presidente (por entonces jefe de gobierno de la ciudad) que al momento de dirimir espacios de poder estos energúmenos tuvieron la buena fortuna que la policiá tardó en llegar pero las cámaras que captaban los choques justamente en ese momento fallaron y los mandos de acercamiento y direccionalidad por control remoto no funcionaron y las tomas no sirvieron para nada.
Sabemos también que las fuerzas de seguridad y en particular Gendarmería filma sus procedimientos, desde varios ángulos pero cuando desapareció Santiago Maldonado no filmaron (ninguna de las cámaras!) y no tienen registro que ofrecernos de los acontecimientos que a la distancia resultan cruciales para nuestro espíritu democrático.
Pocos días después (al cumplirse un mes de la desaparición) en la marcha que reclamaba aparición con vida de Santiago Maldonado, las fuerzas de seguridad que lo filman todo no acertaron en detener a uno solo de los manifestantes que protagonizaron hechos de vandalismo y de violencia en esa jornada.
Pocos días después volvemos a ver a las inefables fuerzas de seguridad filmando a los asistentes al concierto de los Ratones paranoicos desde diversos ángulos y con varias cámaras. Pero pocos días en marchas por reclamos de género o incluso sociales y sindicales ante los hechos de violencia de presuntos agitadores tampoco hay una sola detención a partir de las tomas de video.
Digamos finalmente que la filmación y fotografía de los transeuntes y manifestantes son perturbadoras y condicionan pero si uno piensa que puede sentirse "seguro" por esta vigilancia está lejos de la realidad. Asumimos que el estado vigila para utilizar la información a su conveniencia que debiera ser la misma que la de los ciudadanos pero no, termina siendo un instrumento de cohersión sobre la ciudadanía y un instrumento partidario más.
En definitiva nos observa nuestro estado con nuestro dinero pero únicamente para preservar los intereses privados y particulares de unos pocos que al mejor estilo de las mafias se vale de la información para utilizarla a su conveniencia.
IXX, oct2017