Después del cambio

Hoy tenemos sobradas señales de cuales pueden ser las consecuencias de esta etapa política en el país. Ya transcurridos 15 meses desde que asumió la Alianza Cambiemos.
Creo que además de estar atentos a las medidas que día a día cercenan nuevos derechos debemos tener una fuerte memoria de todos aquellos actores participes necesarios que colaboran para llevar adelante impunemente este proceso denominado Cambiemos. Los medios, los jueces y fiscales, los comunicadores, empresarios, sindicalistas que hacen la vista gorda o que directamente allanan el camino aceptando medidas de expoliación y explotación, que silencian los delitos de los funcionarios porque suponen que denunciar los debilitaría (y no quieren poner palos en la rueda a los fundadores de esta nueva Argentina) o peor aún porque son cómplices de esos mismos negociados son todos ellos participes necesarios y tienen nombres y apellidos, y marcas conocidas y además dejan muchos registros de esto que hacen. Quedan decenas de fallos, decretos ilegales, cientos de portadas y notas periodísticas infames y falaces que no fueron errores porque nadie se equivoca siempre para el mismo lado. No importa cuantas veces pidan disculpas. 
Detrás de este desastre hay también muchos empresarios que aportan apoyo y sustento pero a la vez se llevan enormes y ventajosos contratos.
Si en los noventa se hablaba de Ali Baba ¿de qué podremos hablar hoy?, ¿como llamar a este rejunte plutocrático en el que solo se salvan los ricos tradicionales? Se alinearon con ellos los poderes fácticos locales y extranjeros, los servicios secretos intervencionistas occidentales, la iglesia conservadora local, los medios asociados de la derecha iberoamericana. En fin un enjambre de poder sin precedentes pero identificable, visible, evidente.
Los que no sean parte de esas tradiciones serán estigmatizados, menospreciados, perseguidos. ¿Cuál es la diferencia entre Lázaro Baez y Caputo, Calcaterra o el mismísimo Macri empresario?: ninguna, salvo que aquel es un advenedizo, no viene de la tradicional patria contratista, he allí su pecado original.
Algo similar ocurre con el caso Sancor que nadie quiere salvar por cooperativista, pero en cambio se salvó a Banco Galicia, a los diarios La Nación y Clarín, o empresas como Mastellone y el grupo Macri (que siempre está). 
Es decir que hoy vemos cómo nos roban y nos endeudan los de siempre, los dueños del país, los que han estado siempre detrás de los golpes, los que siempre han frenado el verdadero progreso del país y que quieren un país para no más de veinte millones de habitantes ¿pero qué hacemos con el resto? Seguramente si le preguntamos a la cabeza de la alianza nos respondría raudo: "Te la debo".

Ixx, mar2017

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