Apuntes: La desesperación de los amarillos

lunes, 24 de octubre de 2016

Que los dichos de Jorge Lanata contra Cristina han sido poco profesionales fue reconocido hasta por él mismo. Que la proximidad con el primer paro de mujeres permite que se encuadren como violencia de género es indiscutible. Que contengan la catarata de mentiras y prejuicios con que apuntaló la campaña del candidato del establishment no sorprende a nadie. Pero a lo que debe prestarse atención es a su tono exasperado, impotente, irritado. Después de todo lo hecho para contribuir a la causa restauradora con demonizaciones casi paródicas para confundir al electorado, La Presidenta no sólo está libre sino que encabeza las preferencias para el recambio parlamentario. No sólo no es repudiada por la ciudadanía sino que convoca multitudes en todo acto público, sus videos se replican en las redes y hasta recibe elogios y condecoraciones en otros países. En ese contexto, hasta es razonable un exabrupto como muestra de su desesperación.

A esta altura de la vida, las palabrotas no deberían provocar ningún escándalo. Si no saturan, son tan expresivas como cualquiera de las palabras que el lenguaje pone a disposición del usuario. Ese no es el problema, por supuesto. Si apela al insulto tal vez sea porque no tiene argumentos. O lo desborda un rencor inexplicable. Como sea, el pintoresco Lanata explotó en cámara –o simuló hacerlo- y recitó un monólogo más propio de un envidioso que de un analista político. Hasta minimizó la tan ponderada oratoria de CFK y la culpó de prostituir “todo lo que tocó”, de fomentar “el odio y el resentimiento” y de hacer “retroceder el país como nunca antes”. Afirmaciones tan inconsistentes como poco profesionales. La frase más destacada fue “usted sin nada es solo una pobre vieja enferma y sola peleando contra el olvido y arañando desesperadamente un lugar en la historia que ojalá la juzgue como la mierda que fue”. Cómo la juzgará la Historia es difícil de predecir, más aún si se reconstruye a partir de los matutinos de mayor tirada. El presente, en cambio, la mantiene en un lugar que altera los nervios de los que más la detestan.
Y tanto los altera que hasta dejan traslucir algo de verdad en medio de tantas mentiras. Días atrás, Margarita Stolbizer aseguró que Cristina no irá presa porque a la gerencia amarilla le conviene polarizar con ella. Lanata recicló la misma idea: “tuvo suerte con contar ahora con un gobierno especulador, chiquito, medio miserable, que espera que su libertad lo favorezca en las urnas”. Por si no se entiende: ambos afirman que Cristina está libre porque el gobierno quiere y no porque sea inocente de todo lo que la acusan. Los paladines de la institucionalidad y la transparencia no se indignan al asegurar que el empresidente Macri tenga tanta influencia en las decisiones de algunos jueces: les molesta que no use esa influencia para ejecutar la venganza tan deseada.
¿Mala praxis o malas intenciones?
Pero Stolbizer y Lanata no son los únicos desesperados. Los gerentes de La Rosada están ansiosos por mostrar los buenos resultados de su destructiva gestión. Pero como no existen, hay que seguir manipulando. Tanto cuestionar la alteración de los números del INDEC en el pasado, que ahora deben apelar a tretas similares y en 3D. Una aclaración pertinente: los datos estadísticos son más valederos por su metodología que por sus resultados, como si de una fotografía importase más el punto de vista y los modos de producción que lo que aparece en la imagen. El sinceramiento amarillo incluye un relato fundado en un pasado que cada vez resulta menos funcional para el presente. No sólo el incremento del desempleo, la baja del consumo, el cierre de negocios y fábricas opacan la panorámica que quieren exhibir, sino los tópicos que siempre están en la mira de la experticia neoliberal, como la inflación, el déficit fiscal y el crecimiento.
Este no será el primer gobierno que dibuje los números para insuflar optimismo ni será el último. Pero sí merecerá el podio por rescribir el pasado amañando los números que resulten desventajosos. Si el número de desocupados se ha incrementado en los últimos meses, nada mejor que manipular el informe laboral del Ministerio de Trabajo. Si el desequilibrio se profundiza, lo ideal es alterar la metodología de contabilidad fiscal para inflar el déficit de la anterior gestión. Si el consumo ha caído, la única treta es denostarlo. El sinceramiento PRO es maquillar los fracasos. La decisión de camuflar el declive producido casi en exclusividad por las principales medidas muestra la desesperación del Gran Equipo.
Hasta Macri parece haber perdido la paciencia ante la avaricia de sus pares. “Ustedes tienen que dar el ejemplo, tienen que ser los primeros en plantear una agenda superadora –suplicó a los empresarios- Llamémoslo competitividad, productividad o romperse el traste, como lo quieran decir. Este país crece en el trabajo de cada uno”. Después de todas las concesiones y transferencias realizadas desde su asunción hacia los sectores más concentrados –unos 25 mil millones de dólares- lo único que recibe a cambio son despedidos, cesanteados, fuga de divisas, inflación. Y encima, la generosa amnistía fiscal conocida como blanqueo ni amaga convertirse en el logro tan cacareado. Lo que sorprende es que se sorprenda por tanto egoísmo. Si él es uno de ellos y ha actuado así durante toda su vida. Y si se desespera no es por las angustias que está expandiendo, sino porque las encuestas muestran una peligrosa caída en su imagen positiva.
No es para menos: la vida real irrumpe en la virtualidad que construyen los medios acólitos. Ni los periodistas más obsecuentes pueden ocultar las oscuras sombras que nos acechan. Ni las fábulas demonizadoras sobre el pasado pueden justificar los dramas del presente. Si están desesperados es porque saben que el engaño con el que usurparon La Rosada tiene corta vida. Si la cara de póker de todos los funcionarios ya no transmite optimismo a sus receptores es porque gran parte de ellos empieza a vislumbrar el cinismo que la atraviesa. Las buenas intenciones de los spots publicitarios han dejado lugar a las malas intenciones que traían bajo el poncho. Si están desesperados es porque no las pueden disimular y cada vez son más los que reconocen haber sido estafados.

Publicado por Gustavo Rosa en http://apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/2016/10/la-desesperacion-de-los-amarillos.html

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