Represión PRO. Total normalidad
No es la primera vez que los grandes medios operan para el partido de Macri. Lo hicieron con el incendio de Iron Mountain, con la represión en el Instituto Borda y y en infinidad de cuestiones que sin duda aportaron para llevarlo a la presidencia. Pero esta vez las presiones de las redes sociales hicieron "admitir" la realidad y tres días más tarde al fin los prestigiosos medios se hicieron eco de la realidad que pretendieron tapar o distorsionar.
*Por grandes medios se entiende aquellos grupos de alcance nacional que tienen control y difusión por diversas plataformas y cuyo alcance es mayoritario al punto de tener la capacidad de instalar o de borrar de la agenda de la gente cualquier asunto que se propongan. Su estrategia es multiplicar y replicar hasta el hartazgo configurando en conjunto con el gobierno de la alianza cambiemos un verdadero y poderoso sistema de ocultamiento y propaganda política.
IXX-feb2016
BAJO FLORES Martes 2 de febrero de 2016 | Edición del día
El día que Clarín y La Nación tuvieron que reconocer la represión a los murgueros
Después de difundir durante 48 horas la versión policial, en la tarde del lunes Clarín y La Nación tuvieron que rendirse ante la abrumadora realidad. ¿Periodismo independiente?
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La Izquierda Diario mostró el mediodía del lunes como Clarín y La Nación, entre otros grandes medios, transformaban la feroz represión sobre una murga del Bajo Flores en un ataque contra las fuerzas de seguridad. “Gendarmes baleados en la villa 1-11-14” repetían desde la noche del viernes. Los centinelas de la patria habían sido atacados por supuestos francotiradores mientras realizaban un importante operativo. El título venía a tono con esas campañas gemelas que tanto alimentan los grandes medios y los gobiernos de turno: la “inseguridad” y la estigmatización de los que viven en las villas.
Cómo comenzaron a denunciar el domingo por redes sociales los murgueros y sus familiares, en realidad se había tratado de una balacera contra chicos y chicas que no portaban más que algunos bombos y estandartes. El video filmado en ese momento da escalofríos al escuchar los gritos de los chicos tapados por los estampidos de los disparos.
La Izquierda Diario denunció esa campaña, que definió como parapolicial. Era una cobertura casi perfecta para tapar el gatillo fácil policial. Casi. Porque la realidad y la marcha de los murgueros y sus familias no pueden ser ocultadas. Mucho menos las heridas de pibes de 5 años, heridos en la cabeza por postas de goma. O jóvenes con balazos de plomo.
A las 15:35 del lunes La Nación publicó una nota que asegura que “Investigan represión a chicos de una murga de la 1-11-14”. Las versiones policiales son tomadas al pie de la letra, como la pura realidad. Las denuncias de los chicos, aunque tengan las caras heridas, quedan en un plano inferior. Pero es un avance.
Clarín, más lento, subió pasadas las 17 horas un video también titulado “Denuncian que la Gendarmería reprimió a una murga de chicos”. Recién a las 19 publicó una nota donde levanta la carta de Gustavo González, director de Los auténticos reyes del ritmo.
No estamos hablando de los trabajadores de prensa, claro, sino de la línea editorial que imponen esos medios.
La marcha de los vecinos este mediodía, con los pibes que animaron a salir a la calle, así lastimados, fue muy valiosa. Permitió que la realidad salga a la luz, contra los que quieren ocultarla. Sea con armas o con “máquinas de escribir”.
http://www.laizquierdadiario.com/Represion-a-ninos-murgueros-el-periodismo-parapolicial-de-Clarin-y-La-Nacion
Lunes 1ro de febrero de 2016 | 12:44
BAJO FLORES
Represión a niños murgueros: el periodismo parapolicial de Clarín y La Nación
“Dos gendarmes fueron baleados durante un operativo”, titularon Clarín y La Nación. Una versión parapolicial de la represión que dejó 16 niños heridos tras la balacera a una murga en el Bajo Flores. De los autores de “La crisis causó dos muertes”.
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El viernes a la noche, Los Auténticos Reyes del Ritmo se encontraban ensayando para los próximos carnavales. Mientras realizaba un supuesto operativo, la Gendarmería desoyó el pedido de los jóvenes de la murga y avanzó entre los 140 chicos y chicas que ensayaban sobre calle Bonorino. Dos chicos resultaron heridos por un patrullero que avanzó sobre el grupo.
Hasta ahí, ya es indignante. Pero no contentos con eso, los gendarmes quisieron seguir avanzando, en lo que ya era una clara provocación. Como relata el director de la murga, a pesar de que ante los primeros golpes les dijo a los chicos que se corran, el gendarme a cargo del operativo comenzó a disparar sobre los “peligrosos murgueros”. “Desesperado, mi hijo Jonathan se puso adelante mío. Y le dieron en la pierna, apenas arriba del tobillo, arrancándole la carne con una bala de plomo, sí, una bala de plomo que seguro era para mí. Ahora, ahí tiene un pozo y le pueden ver el hueso. A mí, me llenaron de balas de goma por todos lados, porque me tiraron sin asco. Por eso, en cuanto pude, me levanté y salí a correr para cubrirme, pero entonces ya no había un solo gendarme, sino muchos, que comenzaron a reprimir sin piedad. Así, tal cual, tirándoles a todos como si estuvieran locos, sin importarles que hubiera chicos por doquier. Fue un desastre, un desastre total. Tiraron a mansalva”.
El resultado: 16 chicos y jóvenes heridos, que por orden de la Policía (se trataría de una “peligrosa banda”) no fueron atendidos en el Hospital Piñeyro.
Esos fueron los hechos. Pero Clarín y La Nación decidieron ocultar, otra vez, la verdad. Como si se tratara de un comunicado salido de la Comisaría 36 o el puesto de Gendarmería, titularon que “Dos gendarmes fueron baleados durante un operativo en la villa 1-11-14”. Los efectivos habrían “resultado heridos cuando intentaban retirar dos coches robados que habían sido abandonados en el lugar”. Los efectivos, fuertemente pertrechados, habrían visto cómo durante el operativo “se ’empezaron a aglomerar’ cerca de 50 individuos alrededor del personal”.
Nada sobre la represión, sobre los palazos y balas contra los pibes que preparaban sus ritmos y vestimentas con la ilusión del próximo carnaval.
Lo que se llama un periodismo parapolicial, que estigmatiza a los pibes de los barrios populares y cuenta la historia dictada por los comisarios y “caranchos”.
Les faltó decir que “dos niños murgueros abollaron un patrullero al intentar detenerlo con sus cuerpos”.
