Más peronista...
Ella guardaba la plaza, "su plaza" como le gustaba decir y caminaba entre la multitud feliz de ver a sus trabajadores reunidos como tantas veces aunque no le caían demasiado en gracia algunas cogotudas asomando desde las escalinatas de la catedral, pero allá ellas, -"se la tienen que aguantar".
El frío del invierno de este año del Señor de 2012 no es como aquellos de hace medio siglo atrás, cuando se escarchaba el agua junto a los cordones de la vereda y cruzar el Riachuelo, aún en aquella primavera del 45 era un acto sino de heroísmo al menos de pasión, de esa fuerza que surge de las entrañas y enciende de pasión el alma. Los intereses y los privilegios vendrán después en todo caso...
Más tarde ya entonado el acto y cuando las agrupaciones se hubieran ubicado en sus sitios. Calientes los parches y picantes las gargantas, el fervor asciende de a poco y el líder sabe cómo llevar de a poco a esta gente, "su gente" un clímax popular que resuene, que haga tronar sus vozarrones en esta plaza del centro de Buenos Aires que tanto significa. Aunque hay algo, un leve rictus en la cara del dirigente sindical como de sabor amargo, algo que no cierra del todo. Este esfuerzo organizacional está algo lejos de la pasión necesaria para dar el salto que pretende. Sabe que hay que ponerle ganas y que peor sería tener las mismas ambiciones y no contar con semejante trampolín. Y allí se lanza tratando de convencer y convencerse queriendo más que sintiendo llenarse de pasión el pecho y más adentro el corazón mismo, toma todo el aire que puede y se infla como si con ello se pudiera hacer más grande. Habla y resuena su garganta la palabra compañeros a lapsos regulares y con las pausas necesarias para dar entrada a los vítores. Cómo quisiera despertar a uno solo de los transeúntes que pasa más allá indiferente, cómo le gustaría andar por la calle y ser vitoreado, palmeado, ser agraciado con el amor del pueblo...
Entre tanto bombo y bandera, el humo de las parrillas y los cánticos, sobresale clara la voz del orador "bla, bla" vuelve su vista de las palomas asentadas en las cornisas linderas, se concentra en esta gente que está acá por él, se va enfervorizando, se enoja con todo y con todos, quiere ser definitivo, terminante quiere eliminar de un escobazo todas las pedras en su camino, lo ensayó antes, y es momento de disparar desde su púlpito altísimo y entre torres de altoparlantes: "...más peronista que yo: Perón!".
Silencio.
Breve y eterno a la vez.
Ella se dió vuelta con fuego en la mirada, ese fuego de allá lejos, de aquellos viejos tiempos jamás olvidados a pesar de los pisoteos ideológicos y de tantas trampas y traiciones que le habían quedado pegados en la retina y que llevaría por siempre junto a su música más maravillosa, las voz de su pueblo. Atravesó la gente en un santiamén, se apersonó en el palco y abofeteó al irrespetuoso -"habrase visto!"
El insolente no podía verla por muchas razones pero especialmente porque no creía en ella, la estaba traicionando y eso no tenía perdón. Un frío le corrió por el rostro en ese instante y en una breve pausa relojeó hacia atrás casi por instinto. Nada. Ya dijimos que él no la vería jamás, y se volvió a su público de autómatas aplaudidores, de ambiciosos postulantes a algún escalón en su pirámide de prebendas que ni siquiera percibieron, condescendientes, la súbita impavidez en la perorata del mesías lumpen allá arriba.
Detrás del palco, las vallas policiales y más lejos del ruido Ella que rápidamente había dejado atrás la mítica pirámide de mayo y de espaldas al acto a paso raudo, con esa firmeza y esa convicción cada vez más fuerte arrasó la hojarasca que se arremolinó en un ventarrón breve, ahuyentó las palomas y casi vuela las gorras de los vigilantes al pasar, se metió apresurada en la casa rosada mientras las cosas volvían a la calma y desapareció sin volver atrás ni por un momento su mirada.
IXX (2012)
El frío del invierno de este año del Señor de 2012 no es como aquellos de hace medio siglo atrás, cuando se escarchaba el agua junto a los cordones de la vereda y cruzar el Riachuelo, aún en aquella primavera del 45 era un acto sino de heroísmo al menos de pasión, de esa fuerza que surge de las entrañas y enciende de pasión el alma. Los intereses y los privilegios vendrán después en todo caso...
Más tarde ya entonado el acto y cuando las agrupaciones se hubieran ubicado en sus sitios. Calientes los parches y picantes las gargantas, el fervor asciende de a poco y el líder sabe cómo llevar de a poco a esta gente, "su gente" un clímax popular que resuene, que haga tronar sus vozarrones en esta plaza del centro de Buenos Aires que tanto significa. Aunque hay algo, un leve rictus en la cara del dirigente sindical como de sabor amargo, algo que no cierra del todo. Este esfuerzo organizacional está algo lejos de la pasión necesaria para dar el salto que pretende. Sabe que hay que ponerle ganas y que peor sería tener las mismas ambiciones y no contar con semejante trampolín. Y allí se lanza tratando de convencer y convencerse queriendo más que sintiendo llenarse de pasión el pecho y más adentro el corazón mismo, toma todo el aire que puede y se infla como si con ello se pudiera hacer más grande. Habla y resuena su garganta la palabra compañeros a lapsos regulares y con las pausas necesarias para dar entrada a los vítores. Cómo quisiera despertar a uno solo de los transeúntes que pasa más allá indiferente, cómo le gustaría andar por la calle y ser vitoreado, palmeado, ser agraciado con el amor del pueblo...
Entre tanto bombo y bandera, el humo de las parrillas y los cánticos, sobresale clara la voz del orador "bla, bla" vuelve su vista de las palomas asentadas en las cornisas linderas, se concentra en esta gente que está acá por él, se va enfervorizando, se enoja con todo y con todos, quiere ser definitivo, terminante quiere eliminar de un escobazo todas las pedras en su camino, lo ensayó antes, y es momento de disparar desde su púlpito altísimo y entre torres de altoparlantes: "...más peronista que yo: Perón!".
Silencio.
Breve y eterno a la vez.
Ella se dió vuelta con fuego en la mirada, ese fuego de allá lejos, de aquellos viejos tiempos jamás olvidados a pesar de los pisoteos ideológicos y de tantas trampas y traiciones que le habían quedado pegados en la retina y que llevaría por siempre junto a su música más maravillosa, las voz de su pueblo. Atravesó la gente en un santiamén, se apersonó en el palco y abofeteó al irrespetuoso -"habrase visto!"
El insolente no podía verla por muchas razones pero especialmente porque no creía en ella, la estaba traicionando y eso no tenía perdón. Un frío le corrió por el rostro en ese instante y en una breve pausa relojeó hacia atrás casi por instinto. Nada. Ya dijimos que él no la vería jamás, y se volvió a su público de autómatas aplaudidores, de ambiciosos postulantes a algún escalón en su pirámide de prebendas que ni siquiera percibieron, condescendientes, la súbita impavidez en la perorata del mesías lumpen allá arriba.
Detrás del palco, las vallas policiales y más lejos del ruido Ella que rápidamente había dejado atrás la mítica pirámide de mayo y de espaldas al acto a paso raudo, con esa firmeza y esa convicción cada vez más fuerte arrasó la hojarasca que se arremolinó en un ventarrón breve, ahuyentó las palomas y casi vuela las gorras de los vigilantes al pasar, se metió apresurada en la casa rosada mientras las cosas volvían a la calma y desapareció sin volver atrás ni por un momento su mirada.
IXX (2012)