Estado perfecto
Entrado el siglo XXI.
El ciudadano, como categoría mundial se ha establecido definitivamente.
La democracia es concebida como única forma de organización política aceptable por el nuevo orden mundial y de su mano el capitalismo se ha expandido y se ha afirmado como el sistema productivo y de intercambio por excelencia.
No importa tanto el detalle de cuánto tiempo se tomó el capitalismo para establecerse, pero si observamos el último siglo veremos cómo se difundieron los valores neoliberales al punto de tornarse en sentido común con sus "agregados", supuestos y explícitos que lo conforman. La herramienta de la mentira goebbeliana en el discurso es mansamente aceptada por legiones que disfrutan de posiciones ventajosas en sus sociedades y que a menudo operan como intelectuales orgánicos, como difusores del ideario consumista e individualista por excelencia. Una razón práctica instrumental que a quienes la adoptan les ofrece un amplio abanico de posibilidades de éxito siempre entre una feroz competencia y por sobre las cabezas de de infinidad de seres que no representan calidad de tales para el ambicioso.
La segregación como consecuencia de la discriminación, y ésta como una forma de diferenciar e inculpar dentro y fuera de las comunidades, es consecuencia directa de la jerarquización imprescindible dentro de un sistema piramidal. Así el enemigo dentro y fuera de las fronteras (nacionales, comunales, sociales) se ubica como fácil punto de referencia de todos los males del sistema, el chivo expiatorio perfecto, el "otro" peligroso y acechante como simple competencia o como enemigo de nuestras estructuras perfectas.
Pero el discurso no es siempre directo y "oficial", suele circular por lo bajo, entre las gentes, nadie puede decir en voz alta que odia a los diferentes sin correr el riesgo de sufrir las consecuencias de la misma hipocresía instalada que vindica valores supremos aun sin creer en ellos, sin practicarlos, pero ocurre. Tanto está presente el discurso diferenciador que es parte aceptada de cualquier conversación privada que con total naturalidad se expone el tema cuando hay la suficiente confianza en los interlocutores.
No se odia a los diferentes como grupo (peruanos, judíos, japoneses, chinos, etc.) en tanto permanezcan en sus propias tierras y no se los presienta como una amenaza inminente. Pero simplifica la administración del poder si se puede cargar sobre un grupo ya sean villeros, negros o lo que fuera, las culpas por la inseguridad imperante, siempre tan conveniente.
Así, construir un otro peligroso cumple dos buenas funciones: por un lado crea el culpable perfecto, diferenciable, distante porque no se entabla contacto y por el otro lado se dificulta la posibilidad de integración y de diálogo. El único acuerdo posible y conveniente para lña comunidad es el acuerdo cívico (el voto) y las comunicaciones deben ser verticales. El acuerdo social que tantas veces aparece en los dicursos en épocas de crisis es boicoteado por los mismos que lo propugnan.
Un estado verticalista, que gobierna seres medianamente satisfechos e incomunicados entre sí que aceptan la palabra del amo calladamente es fácilmente administrable y para las elites gobernantes es el paraíso en la tierra, se diría el estado perfecto.
IXX (2011)