...pero estuve frente a la tele cuando el hombre (dijeron que) llego a la luna. En blanco y negro estáticos los miles de arabescos del solero de mi abuela descansaban sobre una silla baja con ella adentro. Dormía y era como el espacio inmenso con pequeñas figuras blancas flotando leves allá y aquí. Con unos autitos destartalados y alguno que otro nuevo, yo carreteaba en el suelo cerca del murmullo vibrante del estabilizador, un leve zumbido bajo que daba somnolencia. El armatoste monumental que constituían el televisor y su mueble reinaba en la cocina de la casa adónde no hacía mucho que había llegado como primer invitado a la fiesta del mundial de futbol de México por venir. La caja profunda y vacía del televisor Ranser era en su universo en blanco y negro y en camara lenta donde daban saltos cinematográficos los níveos muñequitos del pequeño gran paso.