La habilidad del poder económico dominado por la lógica de las finanzas globales, cuyos representantes públicos en cargos o en los medios son economistas de la ortodoxia o heterodoxos conservadores, es desentenderse de los efectos de medidas que castigan a la mayoría de la población y hunden a la economía en la recesión. Cuando irrumpe la reacción por el hastío social por la pérdida del bienestar, gran parte de la clase política no sabe dar respuesta a esa situación porque, convencida por ideología o comprometida por negocios corporativos, se abrazó a los verdugos o son parte de ellos.